“Ayer fue mi cumpleaños.
Así dejo la frase, solitaria al principio de la página, para descubrir si tiene algún sentido. No se lo encuentro. Desde que estoy enferma el tiempo ya no es mío, me parece prestado…”.
Soledad se encuentra en el punto de tener que enfrentar la espantosa realidad: Su esposo la contagió de VIH-Sida. De nada sirven los otrora consejos de su madre, conservadora y mojigata, preocupada por inculcarle como destino el matrimonio y como fin la entrega absoluta a los demás. Poco ayuda en estos momentos haber sido fiel a Carlos por tantos años. Ella sabe que no estará ahí para disfrutar las alegrías de su hija Mireya cuando se convierta en mujer y que Carlitos deberá enfrentar la muerte de su madre demasiado pronto. Soledad no puede aplazar más la necesidad de encararse consigo misma, despejar dudas, deseos y contradicciones ya insostenibles para situarse en su propia geografía, en sus propias provincias del alma.
Así iremos descubriendo todo sobre Soledad y sobre el mundo que la rodea, que no es otro que el de toda una generación que tendrá que aprender a vivir con un enemigo cercano: el Sida.
Con audacia, agudeza y realismo, la novela da cuenta de la corrupción e ineficiencia que permea el sistema de salud pública en México y centra su enfoque en los males heredados de culturas ancestrales: el machismo, la doble moral y la discriminación.