«Si eres hombre, tal vez encuentres el tercer amor, si eres mujer, es más difícil. Puede regir para ti el ‘síndrome de la libélula’. Dejas de existir, la mirada masculina se desliza sobre ti sin mirarte, ya no tienes cuerpo. Se suceden los días, los meses y los años y… ¡Ah!, de repente, en el verano, te encuentras con alguien que se dirige sólo a ti, sí, es a ti a quien habla, te pregunta por tu vida, ríen juntos y descubren: el último amor… Se desliza lento, apasionado, intermitente».