Tema del mes

Agosto, 2009

Discriminación y violencia

“Menos mal que ya estaba fuera cuando me enteré de que me había aceptado en el equipo de Ernesto porque estaba divorciada y con dos hijas, por lo que tenía pocas probabilidades de volver a embarazarme”.

Monique Mitastein Szuster, “La guerra ya terminó”,
Mención honorífica Premios Demac 1999-2000.

“…entonces me empezó a golpear más fuerte. Luego quise platicar con él, cuando estábamos arreglando los cuartos, pero como él estaba mal de un brazo, no podía trabajar muy bien y me pedía algunas cosas. Yo estaba enferma y no alcanzaba a darle todo lo que pedía al mismo tiempo. Enojado, se bajó y empezó a golpearme las manos, la cara y el cuerpo con el martillo”.
Yesenia, “Historia sin fin”,
Premios Demac Penitenciario 2002

El Comité por la Eliminación de la Discriminación y Violencia contra las mujeres (CEDAW) sesiona en este momento para evaluar los avances en la erradicación de actos que vulneren los derechos humanos de las mujeres.

El CEDAW se formó en diciembre de 1979 y tiene como objetivo que los países miembros de la ONU incorporen políticas y acciones concretas que garanticen igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres y se asegure de que no se discrimine a ninguna de ellas.

Este comité define como discriminación “cualquier distinción, exclusión o restricción que se realice con base en el sexo, lo cual tiene como efecto la anulación de su reconocimiento como personas, independientemente de su estado civil”.

En su Declaración el comité también define la violencia como una “manifestación histórica de inequidad en las relaciones de poder entre hombres y mujeres, que han llevado a la dominación y discriminación de las mujeres y a impedirles su completo desarrollo... la violencia es uno de los mecanismos sociales por medio de los cuales las mujeres han sido forzadas a una posición subordinada comparada con los hombres”.

La violencia puede ser sexual, sicológica, económica… En México las cifras son alarmantes: siete de cada 10 mujeres mayores de 15 años han sufrido violencia, al menos una vez en su vida.

Los testimonios, desgraciadamente, abundan…

“…Yo no quería salir con él… siempre me negué… En una ocasión me subió a fuerza a su camioneta apuntándome con una pistola… abusó por primera vez de mí a la fuerza… Debo manifestar que las tres veces que abusó de mí me amenazó: que si decía algo o lo delataba, me la iba a ver muy mal y que arremetería contra mi hija menor, de un año tres meses”.
María, “Tendrán mi cuerpo preso, pero no mi alma”,
Premios Demac Penitenciario 2002

Según el Índice de Desarrollo Humano 2000-2005 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), de los 2 mil 438 municipios del país, "no existe uno solo en el que la situación de progreso de las mujeres sea mayor al de los hombres".

Esto también se refleja en la impartición de justicia y el abuso de las propias instituciones: la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), señala que la mayoría de las 9 mil 240 quejas iniciadas por mujeres entre el 1 de enero de 2000 y el 31 de diciembre de 2008,  son asuntos que tienen que ver con "el ejercicio indebido de la función pública (mil 616 quejas) y el ejercicio indebido del cargo (mil 287)".

Aquí un testimonio:
“Más de una vez pensé en denunciarlo, pero recordaba lo que me decía: ´Si vas un día de chiva, voy a echarle la culpa a tu padre…´(y conociendo a las autoridades, sabía que eso podía pasar). ¡Cuántas veces lo denuncié por golpearme e hicieron caso omiso! Era cuestión de un billete y ya estaba en la calle, y a su salida, me iba peor”.
Ángela, “Ilusiones rotas”
Premios Demac Penitenciario 2002.

A pesar de que han habido algunos avances desde la creación del CEDAW para poner en la mira internacional las violaciones a los derechos humanos de las mujeres que se ejercen en distintos países, falta mucho por hacer, pues algunos gobiernos no han terminado de acatar las recomendaciones que esta instancia les ha enviado para disminuir la violencia y discriminación de las mujeres.

CEDAW pretende continuar consolidándose como el máximo foro de denuncia y seguimiento de acciones que favorezcan el desarrollo de las mujeres.

Por este motivo, es indispensable que se sigan oyendo las voces de quienes sufren maltratos, para que no pasen desapercibidos, para que no se crea que son “problemas resueltos” o “superados”, sino que la violencia todavía persiste.

Te invitamos a que utilices este espacio para contarnos, si acaso la has tenido, tu experiencia de discriminación o violencia y las formas, si es que ha habido, de solucionarlas.

Escribe aquí tus comentarios o envíanos tus opiniones a diana.perez@demac.org.mx
 

26 Ago05:59

discriminación y violencia

Por Marta (no verificado)

La Discriminación y la Violencia contra las mujeres en la Iglesia Católica: ¿Cómo eliminarla?

 

Para explicarme, frecuentemente recurro a las analogías y hoy no es la excepción, para compartir mi experiencia de discriminación y violencia tuve que realizar algo así como una exhumación, es decir tuve que desenterrar escritos de mi archivo muerto con el temor inherente a esa experiencia preguntándome a mi misma ¿Volverá a doler? ¿Qué tanto lo he superado? Y para no enfrentar al fantasma de los recuerdos dolorosos me decía a mi misma, ¿para qué hacerlo si las mujeres somos las primeras en solidarizarnos con la discriminación hacia nosotras en la Iglesia Católica?

 

En febrero de 1982 la Arquidiócesis de Chihuahua hizo suya la opción preferencial por los jóvenes y Don Adalberto Almeida y Merino –entonces, arzobispo de Chihuahua- me nombró Asesora Diocesana de Pastoral Juvenil, muy probablemente debido a la falta de personal  y a mi insistencia. La lucha de poder que se siguió llegó a su nivel más alto el 6 de mayo de 1984 cuando fui destituida como Asesora Diocesana de Pastoral Juvenil.

 

¿Causa motivo o razón? Soy mujer y desempeñe mi trabajo igual o mejor que muchos varones para más detalles sacerdotes, presbíteros o curas como usted prefiera llamarlos. Tal vez extraer una anécdota del baúl de los recuerdos ilustre mi afirmación anterior.

 

En enero de 1983 el co-asesor de Pastoral Juvenil, me comunicó que en la reunión del presbiterio los padres habían pedido que yo les impartiera un curso de Pastoral Juvenil porque les faltaban conocimientos en la materia aduciendo que por esa razón no se involucraban con los jóvenes como debieran.

 

A través de sus palabras “tú eres la asesora y muy buena dando cursos, eres la persona indicada para impartirles un curso” Intuí la lucha de poder y me dije menudo lío, si digo no, tendrán los elementos necesarios para correrme objetando que no tengo los conocimientos para el puesto; si digo si, a la voz de no son machos pero si muchos, me van a hacer garras ¿cómo le hago? Entonces decidí impartir el taller usando única y exclusivamente la Biblia y documentos del Magisterio de la Iglesia para que no pudieran objetar nada.

 

En febrero de 1983 iniciamos el taller por las mañanas de 9:00 A.M. a 13:00 P. M. al ver el material y la forma en que había estructurado el trabajo vieron que no podrían atraparme y se indignaron aún más y se posicionaron en un ostracismo tal que durante los cinco días del taller ninguno me dirigió la palabra incluido el saludo.

 

Esa actitud se manifestó en un montón de pequeños incidentes de agresión aún en contra del apoyo que me brindaba el Sr. Almeida quien me autorizó a ir a Colombia a la Universidad Javeriana para participar en un Seminario de Pastoral Juvenil; a mi regreso, hicimos un plan de la pastoral juvenil, fue entregado y revisado por el Consejo Presbiteral pero no aceptado. Mis aportaciones al Sr. Almeida fueron haciendo crecer la animadversión  del Consejo Presbiteral que alcanzó su punto más alto en una reunión del dicho Consejo en la que no estuvo presente el Sr. Almeida y decidieron deshacerse de mi,  propusieron  otro Asesor Diocesano de Pastoral  Juvenil -que nunca aceptó que el señor Almeida lo hubiera colocado como  subalterno mío-  y,  en cuanto tuvo posibilidad se acomodó con el presbiterio para que me depusieran.

 

La lucha de poder siguió hasta el 6 de mayo de 1986 inmediatamente después de la misa de 7:00 P.M. presidida por el arzobispo, en la sacristía frente a los jóvenes más comprometidos en el trabajo pastoral, sin más preámbulos me comunicó que ya no estaba al cargo de la Pastoral Juvenil, al preguntarle ¿por qué? él solo acertó a decirme “hasta porque eres chilanga” con lo cual me dejó ver la intriga que existía detrás de todo esto.  

 

Imposible que yo pudiera más que dicha estructura. La mía es una de tantas experiencias que se repite una y otra vez a todo lo largo y ancho del mundo, y por lo mismo, las mujeres que hemos decidido no apostatar seguimos en la lucha para hacer valer nuestros derechos….

Martha Rosalía Rodríguez

 

 

23 Ago10:01

Violencia y otras aberraciones

Por Sestela (no verificado)

Violencia, discriminación y otras aberraciones.

El CEDAW y todos los comités, podrán sesionar horas, días, semanas, meses y hasta años sin encontrar avances significativos en la materia. Los derechos de las mujeres siguen siendo pisoteados incluso por quienes “combaten” los abusos hacia nuestro género, hablo de las autoridades, ya que presentan sólo papeles llenos de estadísticas, las cuales fabrican en el claustro de sus oficinas; pero la realidad es otra.

A mí en particular me gustaría saber, porque desconozco el dato, cuántos comités u organizaciones existen que sean manejados únicamente por mujeres, y me gustaría saberlo porque hasta donde entiendo, si estas organizaciones no están dirigidas o manipuladas por hombres, simplemente no son escuchados.

Sólo para muestra: ¿Cuántas mujeres, quiero decir, qué porcentaje ocupa el género femenino, digamos, en la Suprema Corte de Justicia? ¿Hay equidad de género? ¿Tiene el mismo peso político la opinión de las Ministras?

Diariamente, las mujeres sufrimos algún tipo de discriminación o abuso en el transporte, en el trabajo, en la casa, incluso entre nosotras mismas, que es lo peor.

Los testimonios que presentan de mujeres que fueron violentadas es una escalofriante muestra de la realidad que se vive en nuestro país. Un hombre puede golpear, maltratar a su cónyuge sin que haya un castigo verdaderamente justo para él; sin embargo, si la situación es contraria y puesto que la mayoría de juzgadores son hombres, es la mujer la que lleva la peor parte. Hay ocasiones en que la mujer debe exhibir las señales del maltrato, más al hombre se le hace “justicia” únicamente basados en su palabra. Así, las mujeres que han sufrido maltrato físico se enfrentan además, con el maltrato jurídico y social.

Seguimos a la espera de leyes que verdaderamente nos hagan justicia, que nos defiendan. De autoridades que muestren interés y disposición para erradicar los abusos y la violencia contra las mujeres. Necesitamos ver resultados que nos favorezcan en nuestra vida no únicamente en el papel. Queremos ser reales, no estadísticas. Exigimos justicia, no miradas de conmiseración; bienestar no únicamente promesas; igualdad de oportunidades no falsas expectativas; trato justo, reconocimiento y sobre todo RESPETO.

Y en mi opinión, mucho de esto se logrará en tanto dejemos de formar machos en lugar de hombres. Tenemos la obligación de enseñar a nuestros hijos, nietos, sobrinos, a respetar a la mujer. Debemos enfocarnos como mujeres a que no se vuelvan a repetir las viejas prácticas de convertir a los hombres en nuestros “dueños”. No repitamos patrones pues seguiremos dándoles armas contra nosotras mismas.

Sestela Santillán