REFLEJO DEL TIEMPO.
Cuando se es menor de edad, a menudo se sueña con ser un día como esas personas que admiramos, y es difícil o imposible que se llegue a realizar tal deseo de la infancia. Conforme transcurre el tiempo y uno crece, las ideas se van transformando.
Cuando era pequeña – y lo sigo siendo- comencé a asistir a la escuela primaria, mis maestros, porque fueron muchos, no duraban en mi comunidad por lo inhóspito que era para ellos. Se iba uno, se solicitaba otro, que lo mismo que el anterior duraba una semana se retiraba y no volvía más. Ellos fueron motivo de respeto y admiración, me parecían distinguidos, su lenguaje muy fino, olían a perfume – que seguramente era el aroma de su jabón de baño - vestían bien, siempre estaban limpios. Usaron reloj y eso les daba una apariencia importante, sus zapatos nuevos y relucientes. ¡Todo en ellos era perfecto! Intocables, en el buen sentido de la palabra, similares a los santos, esas imágenes en los altares de las parroquias. Hombres y mujeres tan pulcros y hermosos, con manos que tienen aspecto de ser muy suaves, sin callos, ni tierra en las uñas. Y a uno como le gustaría ser como ellos algún día.
Ya en la adolescencia, me he enterado que hay más oficios y profesiones. Sentía agrado por los perros, los caballos y otros animales. Pensé que era una maravilla poder estudiar y trabajar en algo relacionado con lo que a uno le gusta.
Económicamente no tuve la posibilidad de hacerlo, no me instruí en lo que quise, ni aun en lo que me era indiferente. Veo ahora la realidad en un alto porcentaje de los que sí lograron esa meta. Observó que los conocimientos adquiridos son invaluables para quien los consigue, pero el profesionista ya no es respetado como en aquellos tiempos de mi infancia. Las generaciones actuales tienen irreverencia y repudio por todo lo que no sea tecnología.
Si yo ahora pudiera estudiar, por el puro placer de saber, me inscribiría en Filosofía y Letras o en Literatura. Ya no tengo obsesión por ser, sólo quiero aprender cada día algo nuevo. Las pretensiones del pasado, se quedaron con él, perdí el tiempo, desaproveché mi juventud, la inexperiencia y falta de orientación hicieron de mí una persona con buenos propósitos, pero sin resultados tangibles. Me veo como esas hierbas a las que se les considera malas por invadir sembradíos, pero que las gallinas comen como verdadero manjar. Yerbas que a través de la carne de esas aves llegan a ser también nuestro alimento. Estas “plagas” verdes se combaten con potentes herbicidas, y, como luchan por sobrevivir a la constante agresión, cada vez nacen más resistentes. La textura de su tallo se modifica, son más altas y sus hojas más gruesas, con un verde intenso. Ellas son el reflejo de mi vida.