Talladoras de Palabras

enero, 2010

Santiali

ULTRAJE DE DESEOS

Sexualidad… palabra tan incisiva cuando de recuerdos de infancia y juventud  se agolpan en mi mente,

cual tormenta eléctrica en un día soleado, sexualidad si te hubiese conocido antes de que tu invadieras mi inocencia, usaste a los hombres de mi vida para viciar mi entorno y mi camino, ¿por qué te mostraste ante ellos de forma oscura y lacerante?, ¿Por qué tatuaste en mi cuerpo la palabra violación?

Corrían mis tres años de edad, recuerdo un día soleado y silencioso, andaba jugando frente a mi casa como toda niña de mi edad y de pueblo, entre monte y piedras; de repente alguien llegó y entre ruinas de paredes calizas y asomándose los ladrillos, ahí estábamos él y yo, él de aproximadamente 15 años intentando violarme y yo sin saber que era lo que pretendía hasta que sentí dolor y fue cuando grité desesperadamente y salí corriendo. En mi huida me encontré a mi hermano de 13 años que, en lugar de apoyarme y defenderme, me llevo ante mi padre quien no midió consecuencias y, aparte de los golpes salvajes que me propinó, sentenció “TODA TU VIDA SERAS UNA PROSTITUTA”. ¡Qué daño tan grande, qué crimen a una inocencia, qué falta de tacto como padre!  Después, la madre del joven muy digna se atrevió a decir a mi madre: “SU HIJA PROVOCO A MI HIJO”. A esa edad me hallé viviendo en un mundo de adultos entre declaraciones y reclamos y sin nadie que se tomará la molestia de explicarme cuál era mi delito y el por qué se me daba castigo.

Comencé la educación primaria a mis cinco años y no tardó en correr la voz sobre la fama que me habían endilgado injustamente; a pocos meses nuevamente sufrí un intento de violación, pero esta vez no permití que pasara más allá del forcejeo, él era un niño de sexto año de primaria que, valiéndose del descuido de la maestra, me arrastró a la parte trasera de la escuela. Al irme a quejar con el director éste a su vez mandó a llamar a mis papás cuya reacción era de esperarse: nuevamente, llegando a casa se me golpeó y repinto el membrete del futuro que me esperaba.

Nos fuimos del pueblo a la ciudad y de ahí recuerdo que entre tercero y sexto de primaria empecé a experimentar sensaciones extrañas  y placenteras, sentía un sabor dulce en la boca, pero ignoraba aún de qué se trataban, sólo sabía que se hacían presentes al roce de cuerpos. Este autoerotismo no fue encauzado, en ese lapso conocí los órganos sexuales del hombre y de la mujer pero con una explicación muy breve ya que quien nos explicó conservaba el tinte moralista y conservador y no fue más allá de nuestra pobre capacidad intelectual, no faltaron los primos abusivos que tocaban mi sexo y salían corriendo sin darme tiempo a reaccionar, aún conservaba inocencia y pensaba que los niños no querían hacerme daño, entonces me empecé a aislar, lloraba mucho, éramos 9 hijos, tres hombres, los mayores, y seis mujeres, comencé a fabricar mi propio mundo y decidí hacerme adulta a base de descubrir qué era lo que pasaba conmigo.

Empecé a practicar deportes, canto, dibujar, pero no me permitieron avanzar, eran demasiado egoístas, no podían creer que de mi pudiera surgir algo decente o bello, me habían programado para fracasar; llegó mi menstruación a mis 13 años y con ella demasiados retos, a esa edad la mayoría de mis compañeras tenían novio, hacían cosas distintas a mi mundo y no me quedó otra más que explorar ese mundo para el que no había sido preparada. Tuve 2 novios de días y fracasé en el intento, no me apetecía ser tocada, no era mi objetivo, buscaba respuestas, no más preguntas y en ese devenir me encontré con mi amiga, la bebida, esa que al principio alivio mis momentos de tristes recuerdos, pero que pasado el tiempo se convirtió en aliada de ellos.

En una ocasión, recién mudados a una casa propia con la familia, empezamos a convivir con nuevos vecinos y amigos, todo esto en un marco de respeto y sana convivencia, pero un día en que iba a mi escuela técnica, apareció un señor “x”, vecino de dos casas de la mía ofreciendo llevarme a donde fuera. Por ser un conocido accedí, cuál sería mi sorpresa que me llevó a donde él quería. Entre matorrales, me bajó del auto, lógicamente que al doblarme en peso era imposible cualquier intento de forcejeo, lloré hasta decir basta y mi cuerpo empezó a ceder, me empecé a abandonar y en ese inter fue que descubrí mi primer orgasmo directo, cosa que disfruté, pero me llegó la conciencia y una fuerza salvaje llenó mi cuerpo y no permití cometiera su fechoría y empecé a correr.  Él mientras se subía al carro para darme alcance, le grité que lo iba a demandar y que más le valía no volverse a acercar a mí, fue así como logré llegar a mi escuela. Inmediatamente busqué refugio en la bebida y nunca lo demandé.

A mis 16 años me hice novia de un joven mayor, tenía 28 años; me atraía porque su familia tenía fama de fiestera, pero de matones. Él era la pareja perfecta para mi vicio, en ese tiempo ya llevaba dos años de hábito en la bebida y el cigarro, me gustaba el aroma de su perfume aunque fuera todo lo contrario a lo que cualquier chica de mi edad buscaba. Dos años me duró el gusto porque sacó a relucir el cobre y en contubernio con su familia, y principalmente su madre, me encerró en su recámara en medio de una fiesta familiar y quiso abusar de mi; aún estando totalmente embriagada tuve la fuerza suficiente para pedirle una tregua la cual duró hasta la madrugada y explicarle que no eran las formas ni el momento adecuado para tener relaciones, a lo que me respondió: “a partir de hoy ya serás mi mujer y de aquí ya no sales”, argumento suficiente para que mi estado etílico se fuera a los suelos, brotará el coraje acumulado y estallara en cólera. Le estrellé una botella en la cabeza y así fue como me pude librar de él y escapé con rumbo a la casa de mis padres; no tardó en alcanzarme y arrodillarse ensangrentado pidiéndome perdón por su cobardía, demasiado tarde, me prometí no ceder a sus disculpas y, a pesar de que insistió en varias ocasiones, di por concluida dicha relación.

Apenas estaban en la transición de las heridas emocionales cuando de repente, por razones de trabajo, conozco, a mis 17 años, a un hombre con una carta de presentación totalmente diferente a los anteriores: caballeroso, guapo y desde el principio su trato fue protector; él se encargó de hacerme olvidar momentáneamente todas las afrentas de mi vida anterior, iniciamos una relación agradable, pero ya mi dependencia con la botella era alarmante y él se dio cuenta que me le perdía cuando estaba alcoholizada. Me propuso ayudarme y no acepté, todo era bonito pero que no tratara de tomarse atribuciones que no le correspondían, porque entonces me molestaba, para esto ya en la casa de mis padres corrían consignas como “UN DIA LA VAN A EMBARAZAR”, “TENIAMOS RAZON DE DECIR QUE SERÍA PROSTITUTA”, “A ESE PASO APARECERÁ MUERTA EN LA BANQUETA”. Por mi mente desde chica siempre cruzó la idea de que me iría de la casa en cuanto cumpliera la mayoría de edad.
NO HAY PLAZO QUE NO SE CUMPLA... y fecha que no se llegue, cumplí mis 18 años y un diciembre tomé la puerta de la libertad, ese camino que pensaba estaría libre de esos seres que entorpecían mi mente y denigraban mi cuerpo, uní mi vida al hombre que ofrecía protegerme,  pero no era nada fácil, había que lidiar con mi alcoholismo y con una vida sin formato. Viví con él sin tener relaciones sexuales durante 6 meses, hasta que un día decidí perderle el miedo a la entrega.

Fue mi primera vez, por mi mente pasaron una serie de paisajes psicológicos que me frenaban, pero fue más grande mi deseo de traspasar esa barrera y ahí estaba, totalmente entregada a un hombre que me inspiraba ese sentimiento de aprobación y afirmación, por el que mi vida tomó un nuevo sentido de búsqueda y deseo de estar juntos.

En ese proceso puedo decir que comenzaron los problemas, abandoné la preparatoria y me dediqué a viajar con él por donde solicitaban sus servicios, 8 años de ir y venir, nunca estábamos por más de un año en un lugar y fue que nos empezamos a preguntar por qué no me había embarazado, asunto que turnamos a médicos especialistas y seguidamente a tratamientos sin ningún resultado positivo. Esto me hundió en un mundo más tenebroso que el que ya traía cargando por los intentos de violación y alcoholismo, toqué fondo a mis 28 años y un día, para distraerme de tanto sentimiento negativo, vi una luz y decidí reiniciar mis estudios. Terminé la preparatoria y de ahí me seguí con la universidad, mi pareja compró casa en la capital del estado y sentamos las bases de mi renacimiento.

Corrían mis 30 años cumplidos cuando me embriagué por última vez, el efecto duró una semana, perdí la noción del tiempo y del espacio y, como siempre, Dios hizo presencia a través de mi compañero; disimuladamente me dejó en el baño un periódico con un anuncio de media plana en donde anunciaban la reciente apertura de un grupo de alcohólicos anónimos femenil. No vacilé, marqué inmediatamente y pedí ayuda, llegaron 2 mujeres maduras lo más pronto que pudieron y con su gran labor  puedo decir que, con la gracia de Dios, nunca más he vuelto a ingerir nada de alcohol y con el mismo programa abandoné el cigarro un año después.

Continúe con mis estudios universitarios y a mis 32 años me llevé la gran sorpresa: el médico me informa “¡señora, felicidades, está usted embarazada!”. Estuve a punto de desmayarme de la gran noticia, ahí todo tomó otro matiz, mi mundo era nuevo, sentía tantas cosas hermosas que para mí era como flotar en el tiempo, perdí muchos miedos durante el embarazo, por ejemplo a las inyecciones, hubieron 2 amenazas de aborto durante el ciclo y se logró controlar con reposo absoluto y pastillas; continúe mi último semestre de carrera profesional, pero mi mundo mágico llegó a su fin a los 8 meses y medio, mi bebé un varoncito, falleció en mi vientre. Según el diagnóstico del ginecólogo y del radiólogo muerte fetal por hematoma retroplacentario. Fue fatal para mí, pero no me permití sentir más de lo que me provocó el impacto de su deceso. Mi pareja buscaba justificantes para darme consuelo ante el dolor desgarrante que provocaban mis lágrimas y mi silencio; pasado mi llanto pude explicarle qué pasaba y al verlo desecho por la noticia hice a un lado mi dolor y nos dirigimos al hospital a que se llevara a efecto el rito del alumbramiento del ser que no alcanzó a nacer.

Fui ingresada a hospitalización y se me preparó para la intervención, pasaron horas interminables y no entraba a quirófano, entre tanto sólo escuchaba murmullos de mujeres parturientas, algunas a punto de parir, otras con mi mismo dolor esperando ser intervenidas, no recuerdo tener pensamientos en esos momentos, desde que supe que había fallecido mi bebé me adentré a una especie de sonambulismo en el que todo se observaba desértico y en espejismo.

Al fin llegó el médico y me preguntó sobre quién me acompañaba. Tras informarle, me mencionó que sería necesaria la autorización de intervención quirúrgica de alto riesgo, mi niño estaba en una posición en que se podrían dañar mis órganos y no era posible la cesárea. Le dije que hablara con él, pero que de antemano hiciera lo procedente. Me aplicaron, vía vaginal, unas pastillas que me inducirían el parto natural, pasaron como 2 horas y no había resultados hasta que otro médico que entró en guardia hizo revisión de la colocación de las pastillas y logró constatar que no estaban colocadas en el lugar indicado; al cabo de unos 20 minutos comencé con dolores muy intensos y me sentí morir. Inmediatamente me llevaron al quirófano. En esos minutos y segundos experimenté la comunión con Dios al hacerle llegar mis suplicas por mi hijo y ahí fue donde sentí su respuesta, una especie de paz física y de placer incomparable. Ahí estaba medio cuerpo de mi hijito inerte proyectado hacía el exterior por el efecto de una contracción, tuvieron que pasar minutos más para que saliera a este mundo completamente, esta vez acompañado de llanto y gritos de su madre que dejaba ir con él toda la ilusión y parte de su corazón. Fue envuelto en una sábana azul celeste y sólo lo vi pasar a mi lado; sentí que un frío sepulcral lo acompañaba.

Tras haber sido pasada a la sección de puerperio se me otorgó el alta y así fue como volví a casa con mi hijo en estado distinto al que salió de ella, lo llevé en mi vientre al hospital y lo regresé en una cajita blanca. Todo el trayecto fue silencioso, llegamos en la madrugada y ya nos esperaban familiares y amigos con rostros desencajados y sin saber qué decir, hicieron guardias y se formó una camaradería hacia nosotros; fui conducida a  mi recámara a guardar reposo ya que en pocas horas habría que llevarlo al panteón para darle cristiana sepultura. Llegaron 2 seminaristas, quienes muy espontáneamente empezaron a orar y a pedir por él y por nosotros, sus padres; alrededor de las 4 de la mañana todos se fueron a descansar y nos quedamos solos los tres: el niño en la sala con 4 cirios rodeándolo y un rosario como sello encima de su cajita y nosotros en la recámara intentando dormir, pero fue inútil, las palabras estaban encerradas en ese féretro, nos habían sido robadas por la muerte, pero Dios nos unió las manos y posteriormente nos abrazamos hasta que llegó el momento de prepararse para ir al cementerio.

Los amigos y demás personas empezaron a hacer acto de presencia, llegó un sacerdote a darle la despedida, su bendición y a confortarnos espiritualmente. Acto seguido mi compañero me preguntó si quería ver a mi bebé por última vez, no quise, preferí, no conocerlo, para mí era cuestión de vida recordarlo vivo en mi vientre, entonces él tomó la cajita, la subió al coche y con todos los presentes partieron hacia el panteón, lo enterraron y volvieron.

Pasaron muchos días silenciosos. Por el seguimiento que había que darle a mi cuarentena sacamos el tema a relucir y en esa oportunidad acordamos seguir intentándolo más adelante.

Me puse en manos de especialistas para buscar nuevamente un embarazo el cual llegó después de 7 años, pero esta experiencia fue tan breve tan sólo duro mes y medio, mi organismo lo desechó. El diagnostico fue: existe un mioma benigno en las paredes del útero y éste no permite que se ocupe la matriz. Tuve que pasar nuevamente por el hospital, esta vez fue una vivencia totalmente diferente a la primera ocasión, tuvieron que practicarme un legrado y se me administró anestesia general; al volver de ella sufrí la peor de las crisis, me sentía vacía, temblaba de frío y de ausencia, cuando salí de ahí solo quería dormir y olvidar, dejar de sentirme como me sentía.

Aunque seguimos intentándolo por más tiempo con hormonas y demás no nos fue posible y un día, sin decir agua va, el ginecólogo que llevaba mi control me sale con las siguientes frases totalmente opuestas a las que años y meses anteriores me decía “SEÑORA HAY QUE IR PENSANDO DOBLEMENTE EN EL RIESGO QUE CORRE SI SE EMBARAZA NUEVAMENTE”, “YA NO ES ACONSEJABLE HACERLO”, “SU BEBE PUEDE NACER MAL FISICA Y MENTALMENTE”. Para entonces yo ya tenía 39 años, nada de lo que me decía era desconocido, siempre lo he sabido, pero en esos momentos me sentí derrotada, esta persona me alentó siempre y de repente me clausuró como procreadora.

Consulté con otro ginecólogo quien me dio un pronóstico desalentador, el mioma había crecido y no permitiría ningún embarazo, seguí mi vía crucis de opiniones médicas y todas concluyeron que no lo lograría; así que decidí darle otro giro a mi vida.

Decidimos en pareja adoptar a un niño recién nacido, Dios en su infinita sabiduría  nos entregó a una niña de 5 años 6 meses, actualmente tiene 6 años 2 meses y nuestro mundo renació, somos otras personas, mis vestiduras rasgadas que divagaban por este mundo hoy se han convertido en ropajes fuertes y llenos de colores, siento que al fin me he liberado de mis fantasmas y demonios.

La maternidad me ha brotado de forma distinta a como me la esperaba, ha surgido espontáneamente al conocer a ese ser que ya llevaba tiempo de estar en este mundo sin conocernos, ella en un espacio en donde la ley del más fuerte era su forma de vida y yo en búsqueda de ser madre.

Todo mi mundo ha sido transformado, he descubierto nuevas facetas inimaginables en mi personalidad, ella se ha vuelto una especie de espejo, es ahora mi conciencia, es ese angelito que todos llevamos dentro, ella ha salido a la luz y me ha arrebato de la oscuridad.

Su caso es por orfandad y ha encontrado en nosotros una familia como cualquier niño la merece, habrá mucho por hacer pero, primeramente Dios, ella ya no estará sola.

Concluiré esta descripción diciendo que la sexualidad vacía y sin rumbo que se vive en estos tiempos, esa búsqueda de placer sin restricciones, nos está llevando al caos y derrumbe de valores humanos y formando nuevos seres deshumanizados. La práctica sexual de forma animal y primaria ante las oportunidades que les surgen a los hombres ha violentado a muchas vidas. El hecho de haberme marcado desde temprana edad como un objeto sexual y no como lo que era, “una niña”, hizo que casi la mitad de mi vida fuera asediada para un solo propósito, el violarme. Agradezco a Dios nuestro señor por haberme cuidado siempre, por no permitir que el hombre mancillara mi cuerpo, por el hecho de que ninguna de las sentencias que mi familia y la gente que me conocía dictaron se cumplieran, por darme la oportunidad de encontrar el amor en un hombre tan maravilloso como el que vive conmigo y por coronar mis esfuerzos con la maternidad. Sé que la responsabilidad es doble pero la asumo con amor y perseverancia.

Actualmente mi vida sexual se ha reducido en un 90%, he entrado en la etapa de climaterio, mi actividad ovárica ha disminuido; independientemente de que mi pareja tiene diabetes mellitus e hipertensión arterial, el hecho de que él sea mayor 17 años nunca fue impedimento para dejar de experimentar sensaciones y de lograr la plenitud en mi sexualidad.

A esos hombres que se cruzaron mi camino les brindo mis triunfos y les agradezco la enseñanza de la maldad, porque gracias a ella aprendí que existe un Dios compasivo y misericordioso que no abandona a los seres inocentes.

Como mensaje puedo decir: la violación no sólo es la posesión del cuerpo de la otra persona sin autorización, es coartar, sembrar pensamientos, maldad en una mente que no registra esos códigos, no violemos la libertad, seamos libres de pensamiento para que podamos aspirar a un mundo libre de maldad.

Santiali

08 Feb03:23

comentario a Saltiali

Por Anónimo (no verificado)

No pude evitar llorar al leer tu historia, admiro tu fortaleza de espíritu y valentía para denunciar ante la opinión pública conductas oprobiosas y que nos ayuden a abrir los ojos y nuestra conciencia social. Cuidemos a nuestros niños y enseñemos a que respeten a los demás. Recibe n cordial y solidarioh abrazo.

01 Mar14:00

La importancia de leer las

Por Anónimo (no verificado)

La importancia de leer las vidas y experiencias de lo que en la actualidad pasa en nuestro Mexico y como la idiosincrasia. La vida que se desarrolla en los mismos poco a poco va evolucuinando a favor de una comunidad mas igualitaria y en pro de ver favorecidos a los derechos de las mujeres y los ninos que desafortunadamente va lento ese proceso pero sigue avanzando!!!!!! ADELANTE!!!!