Mujeres en el extranjero

Junio, 2010

LAS REUNIONES FAMILIARES

MARISA LEGARRETA BAEZA

Yo no sé qué tipo de reunión familiar hay en otras casas, ni pretendo decir que las nuestras son algo único o excepcional, simplemente les cuento como son nuestras reuniones familiares.

Somos una familia grande. Ya todas casadas y con nuestros respectivos hijos e hijas, naturalmente se hizo más grande con los yernos y nueras, pero algunos y algunas de estos hijos también ya tienen sus hijitos e hijitas, ¡¡imagínense¡¡¡ la familia se hizo realmente grande.

Pues toda esta familia se reúne un día a la semana, los sábados, en la casa materna, en una sala tan chica que pareciera que no caben ni diez personas, pero que da cabida a un millón de sentimientos de amor.

Muchos se preguntaran ¿qué hacen allí?, pues les contaré:
Una a una van llegando, con las maletas con ropa de cambio para los más pequeños, con las chamarras en la mano, porque las van a necesitar a la salida, con encargos o regalos, con víveres o despensa para la tanda, o simplemente con sus bolsas, o sería mejor decir bolsotas, porque nadie carga una bolsa chica, pero eso es otro capítulo del que les hablaré después.

Se reparten saludos besos y abrazos y se “instala” la reunión.

Empieza el show con los chicos que aprendieron una canción nueva, un nuevo baile, una poesía, todas escuchando con atención, sin  hacer ruidos, para no “traumar” a los niños en su evolución.

Al terminar cada uno, los aplausos y felicitaciones, para “estimularlos”.

Los chicos enseguida se juntan a jugar, no sé de qué platican tanto, ni me interesa.

Después ellos se van al patio y se mantienen entretenidos, “lejos” de sus mamás, relativamente libres, aunque no falta el “mami quiero esto o lo otro”, o se pelean, lloran, gritan y patalean y se reconcilian pero por lo general no molestan.

Todas ya tienen un lugar determinado, quien sabe por quién, en la sala y como regla de la casa ningún chico puede sentarse si una persona grande esta parada. Y comienza la plática, cómo les fue en la semana, las novedades o graciosadas que hicieron los niños, quien hizo qué, o quien compró qué, consejos de todo tipo circulan, desde cómo limpiar el baño hasta cómo educar o guiar a los hijos, se cuentan chistes, buenos y malos, claro que esto se comenta como cosa rutinaria, si hay  noticias realmente importantes, espeluznantes o un chisme buenísimo, se publica en “El  Miguelito”, el periódico familiar, (tenemos nuestra periodista frustrada), y que es “vendido”, por una propina, entre las asistentes, anunciado por un voceador designado, gritando a viva voz la noticia principal.

Así empiezan las reuniones familiares, si hay “Miguelito”, se comentan las noticias, se pide ampliación de la noticia, a veces  hay aclaraciones de parte de los protagonistas y hasta se puede dar opinión; y creerán que eso es todo, que sólo se trata de ir a chismear, pero no, para nada.

Como la reunión empieza después del medio día, todas tienen hambre, es hora de la comida, y se hace una lista de hamburguesa, tortas, tacos, burros, comida china y hasta pollo frito, para pedir por teléfono. En el intermedio, o sea hasta que llegue la comida, se pasa un papelito para que se anoten en la rifa semanal, se rifa un cosmético, un artículo de limpieza para el hogar, o algún otro tipo de articulo para el hogar, por la rifa se paga un bajo precio, pero hay otra rifa gratis en la compra de la primera, cuando ya todas compraron su boleto empieza la rifa, siempre es la emoción de ¡yo quiero sacármela¡, ¡eso necesito yo!, ¡hace mucho que yo no me gano nada!, la ganadora es la que, después de sacar todos los números, queda al final, cuando sólo faltan dos números es el suspenso de ¿quién se la llevara?, sale un número y se festeja con risas a la que se la ganó y eso se repite con la rifa gratis.

Otras veces alguien prepara un “pay”, un pastel o un postre o alguna golosina y lo vende entre todas las asistentes. ¡Vaya si somos golosas!

Luego comienza el intercambio comercial, varias venden por catálogo que empiezan a circular y a pedir cosas de cada uno, comentando las cosas novedosas, si alguien ya la compró la recomienda o no, según sea el caso, ofreciendo las ofertas o alguien compró algo y no le quedó o no le gustó lo subasta en ese instante, etc. Entonces llega la entrega de productos, claro está, pedidos en los catálogos anteriores, “te llego este perfume”, “aquí está tu rímel”, “toma el limpiador de baños que pediste” etc. Y en consecuencia de esto sigue el intercambio de dinero, yo te debo esto, te pago mi deuda, te presto y la próxima semana me das, te abono lo otro, pago de la tanda, y se ve un circulante como en la bolsa de valores, que banco ni que nada, el banco se queda chico en este ir y venir de dinero.

Llega la comida y sólo se escuchan palabras entrecortadas entre bocado y bocado, pero no crean que esto dura mucho tiempo, porque en vez de comer se devora. Ya con la barriga llena, a lo que  sigue; y no piensen que esto está previamente programado, todo sale espontáneamente y el orden de los acontecimientos no altera el producto.

Llegan las vendedoras a ofrecer sus mercancías, ¿quién va a desperdiciar la oportunidad de hacer negocio en una habitación llena de compradoras compulsivas? Y como ya saben las tallas de cada una, empiezan, -esta te traje para ver si te queda, y a ti te traje esto, te va bien con lo que compraste anteriormente, aquí les traigo esto, escojan, hay toda talla, o aquí tengo todo tipo de sustancias para limpiar de todo, ¡¡son mágicas!!! Toda la mugre desaparece al instante, tengo una cortinas preciosas que le van bien a tus ventanas, estas ollas son muy necesarias etc. etc. Es increíble la variedad de mercancías que se ofrecen semana a semana, pareciera que las vendedoras se comunican entre sí lo productivo que es visitar esta casa un día sábado por la tarde, claro que también por esta actividad vuelve a circular el dinero, abonando y pagando deudas, que bien podría hacerse un balance contable.

Entre estas actividades, llega la hora de la colación, a media tarde, se hace una lista con las peticiones de golosinas, papas fritas, gansitos, chocolates, sodas, dulces, etc. Para esto hay una persona encargada, familia, una de las niñas mayores, claro está, se encarga de hacer la lista de pedidos, recibe y anota cuánto dinero le da cada quien, todo muy organizado para que todos tengan lo que piden y nadie salga descontenta; luego va a la tienda a surtir la lista, y después entrega las golosinas, con su respectivo cambio y recibe su propina, que después va a gastar a la tienda en golosinas para ella.

Y así entre pláticas y risas llega la noche, cada una recoge a sus hijos, sus paquetes y a su casita.

Las que tienen carro llevan a su casa a las que no tienen, la solidaridad ante todo.

Aunque no lo crean, hay gente ajena a la familia que quiere integrarse a estas reuniones familiares.

¡Y hasta la próxima semana! Con nuevas noticias, nuevos chismes, más comida, nuevos consejos y más diversión. ¡Cómo extraño estas reuniones cuando estoy lejos!