Talladoras de Palabras

Mayo, 2009

Primer Manuscrito: Margarita

Margarita, Talladora de Madera

… Los pies me llevan a cada rincón  de mi  entorno: mi calle, quieta, callada, me sonríe. ¡Cuántas veces la he recorrido sin reparar, como ahora por primera vez lo hago, en detalles que por años han pasado inadvertidos y de repente, en este momento cobran vida, como la barda de la casa de al lado: decorada con sus  delgados rombos de piracanto que se entrelazan entre sí!   Mi caminata diaria, mi ansia por llegar a cualquier sitio no me permitían regalarme un instante para hacer un alto en el camino  y observar  la magia del  crecimiento de esas plantas y sus enlaces.

Luego, al regreso, miro esa misma calle a través de la ventana de la recámara. El pequeño y tembloroso tallo que un día sembré es ahora un enorme y frondoso árbol que en febrero comienza a vestirse de lila y muestra un sinfín de campanillas; ellas no repican, sólo, cuando su vida termina en un zigzagueante vuelo, dejan escapar  un bisbiseo antes de formar una alfombra perecedera.

Entro a la casa y mis pasos me llevan al rincón que por años ha sido sólo mío. Aquí decido permanecer, aquí es mi torre de marfil desde donde intento apropiarme de la escritura. En este sitio se concentran mis tesoros; me acompañan cientos de libros nuevos y viejos.  En  ellos trato de colmar mi búsqueda, mi afán por encontrar la verdad.  En filas horizontales llenan espacios sobre tablones de recia madera que, aferrados al muro, se sostienen de piso a techo. Este rincón mío también se inunda de sonidos y melodías, constante compañía que la modernidad almacena en pequeños discos: están presentes en primer lugar,  Tschaikowski, Mahler, Kachaturian, el arpa celta y qué sé yo, las estudiantinas universitarias, sin olvidarse de Moncayo y su Huapagango.  También hay un pequeño teclado que, obediente, ofrece el sonar de la melodía escogida por mis propios dedos. ¡Ah!, y otro teclado, ése, aunado a una pantalla y una misteriosa caja, me comunica con el mundo y también permite convertir los pensamientos en letras, como en este momento sucede.  Así, cambio la pluma por la tecnología.

El entorno de mi torre de marfil es cálido. Su muro sur muestra relieves en madera acumulados a través del tiempo. Ellos son recuerdo del trabajo y el esfuerzo dedicados, son retratos de ancianos, quienes hablan de su vivir y con su mirada narran sus propias historias. Todos ellos son muestra de mi trabajo, creados bajo el tiempo.  Al oriente, una ventana ancha y horizontal anuncia los primeros rayos del sol de la mañana. Al piso lo pinta de azul —mi color favorito— una alfombra. Un pequeño espacio está ocupado por fotografías de mis perros Airedale.  Son siete en total y me han acompañado a lo largo de varios años. Ya todos se han ido, pero están conmigo.

El lugar se apodera de mi tiempo, mientras una  suave capa de luz me envuelve.

Hago un recuento de la manera como divido el tiempo, que es sagrado para mí y del que soy enteramente responsable. Habrá que emprender una lucha tenaz antes de que el Dios del Viento se lleve  lo que me pertenece. El entusiasmo me ha perseguido desde la infancia: la propia creación, el  movimiento, los pensamientos ocupan mi día y también parte de la noche. Sin embargo, hay espacios para la reflexión. Ellos vienen, lo he descubierto, con la serenidad del atardecer, cuando el día se ha rendido y la paz y el silencio invaden el entorno.

Mis mañanas: ¡hay tanto por hacer, son tan cortas! Y no es que prolongue las horas de sueño, por el contrario, no llego a escuchar más de siete campanadas antes de iniciar actividades.  De inicio, la lectura del periódico; es indispensable mantenerse al tanto de lo que sucede en este planeta. A un buen desayuno, importante para llenar el día con suficiente energía; lo sigue un rápido y tibio duchazo. Algunas veces visitas obligadas y necesarias al mercado, combinándolas con otras a un banco, preparación del  diario alimento, arreglo del jardín, vida social con amigas o amistades o búsqueda de información en hemeroteca, biblioteca para obtener datos de un trabajo que intento hacer.  No olvido las diarias caminatas en el parque cercano a la casa como preámbulo a las horas dedicadas a la talla en madera en mi taller.

Por las tardes no falta la hora del tai chi, la computadora, a más de dedicar tiempo a la lectura, esperando la llegada de mi marido. ¡Ah!, y en época de secas, regar el jardín, sin olvidar  las charlas con  amigos.

Después de  haber permanecido en mi espacio durante nueve minutos dos veces al día por nueve veces, probé diferentes horarios para encontrar el tiempo que he de robar para mí: las tardes entre cinco y siete, cuando el día está por rendirse, El nombre escogido para mí es Margarita. El diccionario lo relaciona con “perla” y también se refiere a una flor de pétalos blancos y corazón de oro. Alguien lo definió como “Margarita, reina de la Cumbia”.

El nombre fue escogido por mi madrina, aunque no es el único registrado pues el  primero fue Aurelia en honor a mi bendita abuela materna y también, el de Marta, para satisfacer el gusto del abuelo paterno. Margarita me gusta y me siento orgullosa de llevarlo, soy la única en la familia, aunque de pequeña no lo disfrutaba, hubiera querido llamarme Maureen, irlandés que concuerda con mi primer apellido. Invariablemente me comparo con la sencilla florecita blanca: varias ejemplares de esa flor decoran mi jardín.

En realidad poco me importa cómo me ven los otros: no es para satisfacer a los demás que he nacido. Al contrario, me he trazado mi línea de conducta y comportamiento de la mejor  manera que considero posible, siempre teniendo en mente no dañar a nadie, y menos a mí misma.

Yo soy Margarita, una mujer que lucha por la consecución de objetivos, considerando que aun si no se logran, el proceso de la lucha valió la pena y es algo digno de vivir.

No soy amante del dinero. Tener lo suficiente y un poco más para permitir algún gusto extra, es más que suficiente. Valen más mis libros y mis ideas plasmadas en obra que el oro acumulado. Me da miedo padecer una enfermedad larga e invalidante, así como que esto le suceda a mis seres más cercanos.

Espero continuar con mi trabajo escultórico en madera para lograr suficiente material y exponer individualmente por quinta vez.

Mi mundo es este entorno descrito, junto con aquellos a quienes amo y me corresponden.
Tras observar mi rostro ante el espejo de agua, me miro en él al terminar un día y su noche. Durante tres minutos reflejo mi propia mirada. De nuevo respondo: Yo soy no  simplemente una margarita, sino Margarita, la mujer de profunda mirada azul, de rostro iluminado.

No soy o, al menos así lo creo, una persona aburrida o que aburra a los demás, mi incesante búsqueda me obliga a tratar de encontrar cada día metas nuevas y derroteros diferentes. Me da miedo perder el interés  y convertirme en un robot.

Espero hacer el bien constantemente y no el daño, ni a mí misma, ni a  los otros.

Mi mundo es de magia,  aunque real y positivo, un mundo de bondad y alegría.

Me dejo hipnotizar por el brillo de las hojas de la flor de zompantle, aprisionadas en un delicado anillo. Él ocupa un espacio escogido especialmente en “mi rincón”— Algún día  revelaré el secreto de cómo nació ese anillo, pero no ahora; quizá lo haga en retribución a las Serenas cuando me hayan revelado todos sus secretos. — Cuando miro el anillo, me invade una alegría que llena todo mi ser y, al mismo tiempo, percibo una  serenidad nada fácil de aprisionar.

Mi espacio es  libertad; sólo yo lo entiendo, sólo él me acepta y comprende, aunque debo confesar que este espacio lo he disfrutado por mucho tiempo.

He de aprovechar mi tiempo al máximo, exprimirlo como se hace con una naranja,  Sé que, una vez que huya, no podré recuperarlo.

Me gusta mi nombre: Quiero sentirme más flor, más perla, que reina de la Cumbia.

Al  reflejar mi imagen en un espejo, veo a una mujer de agradable presencia, cuyo rostro muestra curiosidad e interés por adentrarse en nuevos conocimientos y experiencias.

Estoy decidida a perseguir la escritura sin descanso hasta apresarla y asegurarme de que nadie la hurte.

29 Ago19:24

Bien, me gusta tu estilo...

Por Caperucita (no verificado)

...me parece sencillo, amigable, invita al apapacho personal, yo incluiría al inicio y fin de dìa una taza de tè verde o blanco y salú!!

Mi comentario no intenta en lo mìnimo ser critica, al contrario, es una muestra de admiración a la valentía de atreverse a escribir...parece tan fàcil, cierro los ojos y es sencillo hacer la imagen mental, sentir, oír el espacio, saborear incluso y, cuando tomo la pluma puf!! se esfuma, se escapa, huye y se desvanece y en cambio aparece una habitacìón blanca y vacía.  ¡Qué difícil comenzar a escribir!

Hoy haré mi primer pinino.

Además el tener un aliciente emocional, aún siendo fugaz, alienta.

 

 

 

 

 

 

05 Mayo15:58

Comentario

Por Sestela Santillán (no verificado)

Margarita: me gusta mucho cómo escribes, la descripción que haces de tu entorno y de lo que es tu vida. Transmites mucha paz interna. Me hiciste caminar contigo no sólo por tu calle, sino por tu espacio. Te felicito sinceramente, y estoy segura que nadie te hurtará la escritura, pues ya es tuya

Sestela Santillán