Talladoras de Palabras

mayo, 2009

Primer Manuscrito: Alejandra

Aquí te presentamos a “Alejandra”, Talladora que nos comparte su Primer Manuscrito:

Pasión por la vida.

Siempre quise hablar a través de la escritura. Aunque escribí con mucho entusiasmo Mi Primer Manuscrito, no deja de ser un atrevimiento.

Vivo en una casa espaciosa, soleada, con gusto sencillo, plantas y flores cuajadas de brotes que me envían un saludo a través de su aroma, justo en estos días antes de llegar la primavera. Todavía es una colonia alejada, con abundante vegetación donde se respira con deleite la frescura de la mañana, y con  un deprimente silencio para los que me visitan. Aquí he vivido por más de 20 años, desde que decidí dejar la casa familiar por el amor de un hombre

Durante el día, desde la estancia se ven —me gustaría decir infinidad de especies de aves, pero no, —pájaros  “chillones” revoloteando entre los árboles buscando el contacto con el sol y de entre la densa hierba su alimento; colibríes agitando sus alitas en el bebedero que tienen colgado en lo alto de una rama.

Me  gusta tenderme en la cama, contemplar el atardecer a través de la ventana, y ver como la luz de la tarde se filtra entre los muros de hiedra. Empiezo a rememorar  tiempos pasados. Siento nostalgia de lo que ha quedado atrás… muy lejos. En ocasiones, mientras me encuentro ahí tendida,  me pasa por la mente toda la vida que pasé junto a mi compañero, cuando compartía con él las cosas de todos los días, tan simples y cotidianas pero tan importantes para los dos. Se apoderan de mí una alegría y anhelo que no puedo explicar. Ambos estábamos en la plenitud de la vida.

En temporada de lluvias por las noches, me despierta el sonido de los truenos de la tormenta que se aproxima; como no puedo dormir por los relámpagos y las sombras que se forman con las ramas de los árboles, me siento a contemplar cómo va amainando la lluvia, cómo el viento pierde fuerza, y al final, sólo se escucha el golpe de las gotas sobre el pequeño tejado de la ventana. El amanecer del siguiente día es divino, el sol en todo su esplendor, y como recuerdo de esa noche el olor a tierra mojada. 

Justo enfrente de mi cama hay un muro pintado de amarillo —mi color preferido— tengo una mesita, una silla y una fotografía muy especial: mi pareja y yo, donde se ve la evidencia del amor que nos teníamos. Colgadas en  la pared imágenes de mis santitos.

Ahí mismo en mi recámara tengo un gran espejo, mi viejo amigo, que sin previa advertencia, al pararme frente a él, me dice que los años no pasan en vano ¡¡se quedan!, ¡agarran parejo!! Pero también fue generoso conmigo, cuando yo aprobaba con un movimiento vigoroso mi imagen reflejada en él. No cabe duda, la recámara es mi lugar preferido.

Es horrible decirlo, pero al ser libre nuevamente, al no atarme ningún lazo con el hombre con quien estuve tantos años, he podido tomar el control de mi vida. Ahora soy la única responsable de repartir mi tiempo como mejor me acomode. Siempre aparto algunos minutos para rezar, dedico el necesario para reflexionar; también lo estiro para hacer ejercicio, me hace sentir bien, verme bien, paso el mayor tiempo posible con la gente que quiero. “Todas las cosas tienen su tiempo y su momento”, les decía mi mamá a mis hermanas mayores cuando las veía “alocadillas” con los muchachos. Ahora me doy cuenta que la vida esta hecha sólo de momentos.

Soy la séptima de nueve hermanos; siete mujeres y dos hombres, tan diferentes como el día y la noche. ¡Puras viejas!, decía mi papá, pero siempre se veía contento rodeado de tantas mujeres. Por haber sido de las más chicas, recibí mucho amor y toda clase de consentimiento por parte mis hermanas mayores cuando murió mi madre.  Me trataban como si fuera  extraordinaria.

Alejandra es mi seudónimo, es el femenino del nombre del que fue mi pareja, mi verdadero nombre se deriva de éste, así que no hay diferencia.  Es de origen griego y significa La Protectora, y es verdad, me gusta proteger, exagero mi preocupación por los míos, pero es contradictorio porque me gusta más sentirme protegida. Otras de las características de mi nombre son: ser muy directa, cuando me dirijo a los demás —motivo que me ha ocasionado problemitas— ser buena amiga, confiable y leal ¡eso sí! Fue mi madrina de bautizo quien se lo sugirió a mi mamá. Me gusta mucho mi nombre verdadero, pero siempre he pensado que no “embona” con el empaque.

Yo soy una mujer feliz, pero no por el monto de mis ingresos, sino por mis logros personales, porque tengo gente que me ama sinceramente a pesar de mis defectos; con un alto  grado de entusiasmo para que la vida siga teniendo sentido para mí. Cuando nos dan mucho cariño nos sentimos fuertes para enfrentar el mundo. También soy independiente de pensamiento y acción al haber sido capaz de decidir no tener hijos.

Soy muy distraída, despistadísima, problemita que ha desencadenado algunas situaciones chuscas en mi trabajo y en mi  vida personal, pero nada que no tenga buen término —siempre un golpe de suerte me ha beneficiado. — Soy reservada y distante con los que me han hecho daño
No soy una mujer amargada porque estoy luchando por ser feliz a pesar de todo sufrimiento, farsas y sueños perdidos este es un mundo bello. Tampoco soy envidiosa ni me deslumbran los brillos, consecuencia de la forma en que me educaron.

Me da miedo mi pensamiento por ser el auxiliar de mis recuerdos, porque al recordar arrastro el resentimiento, enojo, rencor, dolor, culpas. Aún lloro la agresión en lo más profundo de mí ser: la inocencia, al aceptar haber sido víctima de abuso por un pariente cercano. Tengo rabia contra el agresor y las personas que no me protegieron. La simple catarsis no fue suficiente, porque no logro borrar ese evento de mi memoria, él aparece frecuentemente en mis sueños. Sigo teniendo sentimientos de vergüenza, de culpa…cosas feas.

Me da miedo la violencia que estamos presenciando diariamente en nuestro país a través de las noticias ó en los programas de  televisión.
Espero que todo lo que me enseñaron respecto a los que se nos han adelantado en el camino, sea cierto, porque ante la muerte de mis seres queridos  me alienta una promesa: “Yo soy la resurrección y la vida….”.

Espero que, a los más pequeños de mi familia, sus padres los sepan guiar en la más estricta moral verdadera, que siempre encuentren algo que los haga reír, que puedan estar solos sin que se inquieten, aprendan que cuánto más den mayor será su gozo y, los más importante, que siempre agradezcan a Dios.

Espero que la experiencia acumulada, me ayude a seguir con el proyecto de vida que estoy tratando de llevar a cabo, no buscar excusas y permitir el acercamiento amoroso de un hombre. Queremos asumir el compromiso de estar juntos. Lo vamos intentar. Quiero sentir otra vez “eso” tan bonito que mueve al mundo: El Amor. Quiero volver a ser cursi. Quisiera estar enamorada siempre. ¡Ay!.
Mi mundo es mi familia, sobre todo los más pequeños que son mi motivo y razón, a los que amo profundamente, a los que quisiera apoyar en sus infortunios cuando lleguen a lastimarlos, alentarlos a que sólo hagan lo que les haga sentir bien, que reconozcan dónde está su fuerza y que busquen la felicidad cada día.

Mi mundo es compartir con mis amigos actividades recreativas, una cena, asistir a un espectáculo, viajar y seguir apoyándolos en épocas trágicas; es una forma de reconocer y agradecer lo que en su momento hicieron por mí, cuando me sentía totalmente abandonada y perdida, cuando estaba llena de reproches y sentimiento abrumadores por la muerte de mi esposo. 
Ahora sé que la vida es una oportunidad, y la voy a aprovechar.