La columnista Bertha Vera Magaña, del diario El Heraldo Noroeste, escribió hace algunos meses sus opiniones al participar en un taller de Demac, basado en el libro Leyendas, Secretos y Susurros.
Te compartimos su comentario y esperamos que te aliente a que tú también te sumes a la hermandad de las Talladoras de Palabras:
Fuente: El Heraldo Noroeste, sección Opinión, pág. 5, Cd. Cuauhtémoc, Chihuahua; 12 de Octubre 2008.
Son del viento y se van al viento
Bertha Vera Magaña
“Hace tiempo leí en el periódico una convocatoria de Demac (Documentación y Estudios de Mujeres, Asociación Civil) a nivel nacional, fundada en la Ciudad de México en 1987. Su objetivo es fomentar la expresión de la mujer a través de la escritura. La editora Demac tiene más de 60 obras publicadas y editadas, la mayoría resultado de la participación de mujeres mexicanas en convocatorias nacionales de autobiografía y biografía.
Cuando me di cuenta que aquí en Ciudad Cuauhtémoc se están haciendo estos talleres, pensé que éste sería una buena oportunidad que no debía dejar pasar. Me inscribí, con algo de temor, pues no sabía si era realmente lo que estaba buscando. Al principio creía que eso no era para mí, pero como nunca me ha gustado retirarme, me di una segunda oportunidad. Ahora me siento muy contenta de haberlo hecho, de armarme de valor para no claudicar, realmente valió la pena.
Hoy tengo en mis manos un diploma que me acredita haber cursado el taller autobiográfico “Para mujeres que se atreven a contar su historia”. Para mí, al igual que para cada una de mis compañeras, fue una experiencia única, diferente, valiosa que al final nos hizo crecer como personas y como mujeres. Descubrimos que poco a poco podíamos ir apropiándonos de la escritura, para conocer nuestra propia historia.
Lo primero fue ir en busca de las letras que se encontraban sepultadas y olvidadas en los mares profundos de nuestra vida; después acomodarlas una a una y formar las palabras. Pero no era suficiente, había que tallar cada palabra, una y otra vez. Con los dedos engarrotados, la pluma tiembla en mis manos y frente a mí una hoja en blanco. Creo que a todas nos sucedió lo mismo, pero al paso del tiempo, los miedos se fueron venciendo. Porque sé que en la escritura está esa amiga que te va descubriendo sus secretos y te susurra que puedes ir tejiendo, mezclando, cocinando, bordando cada palabra.
En ella se pueden volcar sentimientos y emociones, luchas y derrotas, aciertos y fracasos, alegrías y tristezas; en fin, es la aliada perfecta. Es la cómplice incondicional, que no se cansa de esperar, para que le cuentes una y otra vez lo que ves reflejado en el espejo de tu propia existencia. Y que cuando detienes tu mirada para darte cuenta que los años han pasado igual que el viento de la tarde, ella está ahí.
Ahora me falta robarle al día o a la noche unas horas, para ir recorriendo los caminos olvidados y lejanos, para escribir un cuento donde se mezclan las realidades y los sueños.
Se dice que las palabras son viento y se van al viento… de modo que la escritura en la historia de la humanidad ha tenido un valor incalculable. Cuando en los talleres un manuscrito ve la luz por primera vez; por pequeño que sea es una victoria, que se logra con esfuerzo. Ya que fue necesario hacer un viaje especial a través de la memoria para rescatar los momentos y situaciones que marcaron nuestra vida. En el papel se van desgranando lentamente palabras escritas con el corazón, que por momentos llegan en tropel y después se esconden en medio del camino.
Antes de terminar quiero decir que los talleres son para todas las mujeres sin importar grado académico ni condición social. Es una oportunidad para conocerse más uno mismo y al mundo en que estamos inmersos. Comprobar que la imaginación no tiene límites, lo único es saber que somos propietarios de nuestros sueños y vivencias que están ahí esperando para ser liberados.
Puedo escribir para mí, puedo compartir con mis compañeras si así lo deseo; en los talleres existe un ambiente de libertad y respeto.
Mi agradecimiento a la Lic. Laura Elena Gaytán Saldívar, Instructora del taller al igual que a cada una de mis compañeras, pues juntas estamos logrando robarle el secreto a la Princesa Ameyahle”.