Las Atrevidas

Abril, 2010

Musmé y Rosa Maria

RED LAS ATREVIDAS

“Hay un sentimiento que a muchos ataca y no se sabe cómo librarse de él: “el rencor”…  les aseguro que escribir fue la medicina exacta para redimir tan odiosa emoción”...

Te compartimos las palabras de dos autoras de 9 Estampas de Mujeres Mexicanas que presentaron este libro, producto del pasado concurso Premios Demac Para Mujeres que se Atreven a Contar su Historia® 2007-2008, en la Feria Internacional del Libro de Palacio de Minería…

Tú también “atrévete”…

 

Musmé Díaz de los Ramos

Buenas tardes a todos.
Creo que la escritura es una gran aventura que nadie debería perderse. Hay un consejo del cubano José Martí que dice: El hombre en su vida debe sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro.  A quien guste le puede agregar: “y tener dólares”, ¿o no? Por fortuna tengo el privilegio de haber cumplido los tres requisitos… sólo me faltan los dólares.

Compartiré pues con ustedes, la aventura que he vivido a raíz de escribir mi autobiografía:
Cuando inicié la escritura de Dios ¿EXISTES?, obra que forma parte del libro presentado el día de hoy, Nueve Estampas de Mujeres Mexicanas, confieso que en más de una ocasión pretendí claudicar. Recordar eventos dolorosos que sin saberlo aún me lastimaban y me tenían marcada, hacía que considerara renunciar. No obstante, continué con la labor, redescubriendo el poder sanador que tiene el plasmar en papel las vivencias y la alegría que causa recordar las travesuras infantiles o aventuras de la juventud, y aún más, ver en retrospectiva la vida que tuve, logró que recapacitara en lo que deseaba para mi presente.

A medida que fui avanzando en la escritura, comprendí las creencias que me limitaban, así como patrones de conducta que tenía y que fueron el motor  para darme de tumbos a diestra y siniestra. Después de ello tuve grandes suspiros de alivio que brotaban de lo más profundo de mí ser.
Hay un sentimiento que a muchos ataca y no se sabe cómo librarse de él: “el rencor”. Por supuesto también conmigo estuvo presente y sin temor a equivocarme les aseguro que escribir los dimes y diretes que provocaron tal efecto, fue la medicina exacta para redimir tan odiosa emoción.

En los albores de mi texto, no tenía ni la más mínima idea, ni la ambición de que algún día se publicase. Fue hasta finalizar el manuscrito cuando quise hacerlo. Toqué la puerta de tres editoriales y la respuesta fue negativa, en la última editorial, fue la única que me informó por escrito el por qué no les interesaba publicarme, me comentaron lo siguiente: Su trabajo es un buen ejercicio personal, pero  no pertenece al mercado.

Días después, recibí la llamada telefónica de una amiga quien labora en una Casa de Cultura, me comentó que le habían llegado convocatorias de la asociación civil “Documentación y Estudios de Mujeres (DEMAC)” para concursar en la categoría “Para Mujeres que se atreven a contar su historia”. La esperanza e ilusión me invadieron nuevamente, tan rápido como fue posible, llevé mi libro a sus instalaciones y le dije a la persona que me recibió que ¡yo sería la ganadora!

Como soy tan desesperada, todos los días abría la página de internet de dicha asociación para ver  si había algún avance, a pesar de que faltaban varios meses para la fecha de los resultados.
Navegando por la página de DEMAC, encontré espacios muy interesantes, en especial uno, llamado “Talladoras de Palabras”, taller que enseña la manera adecuada para escribir mediante ejercicios muy sencillos y amenos, y por medio de internet. Sin dudarlo, decidí tomar dicho taller.

También navegué en las diversas actividades en las que se puede opinar de los temas propuestos y  cambian cada mes. Por supuesto, me hice asidua a la página.

Durante la espera de los resultados, toda clase de emociones me embargaron, además de pensamientos tenebrosos como:

¿Y si no les gusta mi escrito?, ¿y si no tengo aptitudes y soy un fiasco?, mmm, ¡a lo mejor ni los leen!

Aunque también tuve pensamientos agradables, incluso varias veces soñé con ser de las ganadoras, gustaba de imaginar la “ceremonia de premiación” y de lo guapa y feliz que me vería.

El 24 de septiembre del 2009, me operaron por segunda vez de la columna vertebral. El médico me dio de alta después de varios días, en cuanto me llevaron a la casa de mi hermana, quien ofreció apoyarme, en todo momento pedía que me llevaran mi computadora, que para mi suerte, es portátil. Curiosamente el día que me visitó mi amiga, la misma que me informó de la convocatoria, le pedí que me configurara la computadora a internet, una vez hecho el procedimiento, de inmediato ingresé a la página de DEMAC y no encontré ningún aviso.

Posteriormente revisé mi correo, y encontré  la ansiada notificación. Con las manos sudorosas leí apresuradamente y ¡grité como loca!, los latidos de mi corazón se aceleraron. Mi amiga y su hija compartieron felices la emoción que tuve, la noticia fue el motor que me animó para recuperarme y dejar la silla de ruedas.

Finalmente sería la Ceremonia de Premiación, días antes no logré dormir a causa de los nervios que tenía, toda clase de alegres emociones estuvieron presentes, además de experimentar uno de los orgullos más grandes que he vivido. Llegó el ansiado día, y a pesar de que se anunció una de las tantas marchas que vive nuestra ciudad, llegué a tiempo con las manos sudorosas y con profunda felicidad acompañada de mi familia. Sin temor a equivocarme ha sido uno de los más grandes eventos que he vivido.

Por último les quiero compartir algo de lo que he aprendido:

La mayor parte de los seres humanos vivimos con altibajos, sufrimos, nos llenamos de rencor, de odio y de frustración. En gran medida estos sentimientos nos limitan y  conducen a relaciones destructivas, pero hay que saber pedir ayuda para superar las dificultades de la vida.
La decisión de cambiar lo que no es benéfico es personal, nunca estaremos solos.

Recuerden: “NO HAY ARBOL QUE EL VIENTO NO HAYA SACUDIDO”.
¡GRACIAS DIOS POR TODAS TUS BENDICIONES!
¡GRACIAS Dra. Amparo Espinosa Rugarcía y a todo su equipo por su gran apoyo para permitir concluir una más de mis metas y las de otras mujeres.
¡GRACIAS A TODOS LOS PRESENTES POR SU ATENCION!
 

Rosa María González Jiménez

Soy una mujer de edad madura, tez clara, rasgos suaves y rostro amable, escondrijo de sonrisas, estatura mediana, regordeta y de caderas anchas que alguna vez presumí con orgullo. Secretaria por necesidad, amante de mi familia, mesurada por convicción, no por naturaleza; afable de corazón, displicente a juicio de quien poco me conoce, apegada a la tradiciones y tímidamente aliada de la modernidad provocadora de ansiedades; abierta de pensamiento con la gente y aguerrida defensora de mis ideales y afectos; buscadora incansable del silencio y de la soledad; practicante de la meditación –vitamina para el espíritu-, que encauza mi preferencia por ritmos suaves, románticos y melancólicos; cinéfila, acaso por evasión. De cuna humilde y educación formal precaria, sociabilizo con dificultad; la memora y la inteligencia no ayudan, pero me esfuerzo porque lo único verdadero que poseo es lo que sé. Lo que realmente soy es lo que pienso.

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