Mujeres Demac

Pensaba tanto en las bases de la convocatoria que me olvidé de escribir. Trataba de escribir, a premios DEMAC y no de escribir un pedacito de mi vida para contarla a DEMAC. Experimenté la negación, necesitaba escribir un pedacito de mi vida para contarla a DEMAC. Participar no es fácil, sientes que hay vidas realmente interesantes, importantes, donde sobresalen actos heroicos, valerosos, de abnegación, de sacrificios y eso me hacía retroceder. Experimentaba una y otra vez la desilusión, mi enojo y el inmenso deseo de estar presente; cambié mi forma de pensar, me dije: escribe lo que sientes cuando cambió tu vida y ahora de nuevo tienes que cambiar ¡Claro que sí! Experimenté cambios, el deseo de romper el silencio, ese silencio que ya no te lastima, me liberé de él. Participar es mi terapia, es encontrar de nuevo el valor, ese valor que durante años estuvo oculto y un día salió a la luz, sin conocerlo yo misma; de nuevo lo estoy buscando, ése es mi gran cambio. Buscarme de nuevo, encontrar el valor, ése que un día se hizo presente partícipe de un mundo de gente que no conoces, que no sabes cómo te juzgarán, pero que tampoco ya te intimidarán. Sentí y experimenté cambios. El más importante estoy en paz con mi pasado. Al escribir me di cuenta que ya no siento ese malestar, que me llenaba de resentimiento, dolor, frustración, y también enojo, estoy segura que no vale la pena sacar a la luz situaciones que vivimos, menos aún si la persona involucrada ya no está. No es equitativo, sólo sé, que el pasado eso es lo que pasó, un paso no se puede cambiar, ni lo quiero cambiar; así tenía que ser. Experimenté algo maravilloso, ha sido una lección de amor que he recibido.

María Jannina Troyo, autora del texto De la noche a la mañana.
Participante en el concurso Premios DEMAC 2007-2008.

Escribir mi autobiografía fue una especie de desahogo emocional. Al estar recordando algunos pasajes que creía superados, me fue inevitable llorar y sentirme desprotegida, sin embargo, también noté que me sentí mejor. Quizá me hacía falta reencontrarme con muchos aspectos de mi vida para enfrentarlos de nuevo y comunicar mis errores para no volverlos a cometer.

Liliana Salomón, autora del texto Carta amorosa de una madre a su hija.
Participante en el concurso Premios DEMAC 2007-2008.

Es una experiencia única. Es como descalzarse los pies y empezar a andar por un camino que abunda en materiales diversos: piedritas, rocas, arena, pasto, agua de mar, agua corriente, o agua estancada con moho adentro… No sé, a la vez, fue fácil y también muy difícil. Enfrentarme a mis propios recuerdos, darme cuenta de que en realidad, tuve una infancia muy feliz, que estuve rodeada de gente adulta que me quería, como también de infantes que como yo queríamos trastornar el mundo adulto en el cual debíamos incrustarnos... Y después al término casi de mi adolescencia, tuve un hijo, pues tal vez ése fue parte de mi destino. Hoy ése muchacho es parte importantísima del eje de mi vida, para mí y para mi familia, pues mis hermanas que me ayudaron a cuidarlo durante nuestra estancia en la casa materna lo quieren muchísimo... Gracias por darnos un espacio para hacer nuestra autobiografía ya que es una oportunidad de buscar en nuestro costalito las cosas que hemos perdido, las que hemos ganado, y encontrarnos con los recuerditos tan bellos, tan nutritivos para nuestra alma, o nuestro espíritu... demasiados, quizá no caben en hojas y hojas de papel de éste trabajo que quedó resumido, pero que en cambio, están ahí dentro del papel del que está hecho nuestro carácter, o nuestra personalidad. Por este relato pude llorar lo que no había llorado, pude imaginar lo que me había faltado imaginarme, pude aprender de mí misma, pude releer mi propio pensamiento y pude mirarme en el espejo un poco diferente a quien me veo todas las mañanas. Gracias.

Cristina Gómez, autora del texto A fuego y hielo.
Participante en concurso Premios DEMAC 2007-2008.