Cuando comencé a estudiar la secundaria, me sentía tranquila y decidida a pasar tres años fantásticos pues 15 años sólo se tienen una vez. Al principio fue así, me encantaba mi escuela, mis profesores y compañeros y uno de los motivos que me hacía disfrutar más y llevar leve parte de mi adolescencia, era que mi hermana mayor estudió en el mismo lugar y con los mismos profesores, así que todos me recibieron muy bien. Lo que no sabía era lo que me esperaba pues no sólo eran las clases y los maestros como yo pensé, sino también me encontraría con la vida fuera de clases.
Compartía la mayor parte del tiempo con mi hermana mayor quien además fue mi mejor amiga y mi ejemplo, para mí la mujer perfecta y anhelaba ser como ella, disfrutaba que fuera por mí a la escuela, realmente me gustaba.
En una ocasión, llegando de la escuela, nos encontramos con que una familia nueva se mudó al mismo edificio donde vivíamos y ahí estaba Sandra, de 15 años, nos hicimos amigas y lo mejor fue que estábamos en la misma escuela. Al poco tiempo me presentó a Becky y yo les presenté a mi hermana, formamos un cuarteto buenísimo, mi hermana tenía 23 años, nos ayudaba a estudiar, salíamos a tomar café, íbamos al cine, era realmente genial. De pronto la cosa cambió, no tengo idea de cuándo ni como comenzó pero, poco a poco me excluían de las conversaciones, de las salidas, en casi todo, lo peor fue que mi hermana se alejó de mí y se convirtió en la hermana mayor de Sandra; no lo podía creer, mi hermana cambio tanto conmigo que llegó al punto de hablar mal de mi junto con Sandra, me tachaban de “loca”, por tener amigos, y Sandra le decía a Claudia que tenía que cuidarme pues yo andaba en malos pasos. Gracias a mi hermanita y a su “amiga”, mi mamá se enteró de todo lo que ese par decía de mí y lo más grave fue que Claudia, por ser la mayor tenía más credibilidad que yo ante mi madre y ella me gritó, me pegó y me tachó de PUTA.
Es hasta el día de hoy uno de mis recuerdos más tristes, cuando pienso en las palabras que me dijo mi mamá me viene a la mente que no sólo me dolieron sus golpes, sino su indiferencia y desconfianza. Compartíamos la misma habitación, así que yo no tenía un lugar para estar sola, para llorar, mi lugar para desahogarme era el baño, sí, ese día mi mamá me sacó de la recámara y puso seguro en la puerta para que no entrara, mis hermanas también me cerraron la puerta y a la otra habitación, simplemente no tenía acceso. Durante mucho tiempo el baño fue mi lugar para esconderme, por obvias razones no podía impedir por mucho tiempo el acceso así que prefería meterme a bañar y así no podían sacarme. También era duro ir a dormir así, sola, con mi madre junto a mí, enojada, diciéndome cosas, gritando y humillándome.
Me da vueltas el estómago al recordar que no sólo me humillaron, me di cuenta que estaba sola, y que el día en que mi madre me dijo PUTA, acepté tener que vivir por mi cuenta emocional y psicológicamente, sólo yo podía apoyarme, me tenía a mí y nada más, ese día perdí a mi mejor amiga, mi hermana. Sus burlas, sus críticas eran hirientes y convivir a diario cada vez se volvía menos aceptable para lo que yo quería en mi vida.
Hoy tengo a mi lado un esposo maravilloso, una vida hermosa, estoy lista y dispuesta a seguir aprendiendo pero no sola, ya no, no más humillaciones, maltratos ni groserías. No estoy dispuesta a vivir con eso, hoy decreto el tener una vida llena de amor y confianza con mi esposo y amigos; hoy decreto que la familia que estoy formando tendrá como base confianza, amor y apoyo; hoy decreto que soy una luchadora y que nada ni nadie me hará ir de nuevo al baño, ya no tengo que ocultarme; personas en las que creí, simplemente me hicieron sentir como una basura y hoy decreto que las perdono y las dejo ir, nunca entenderé por qué Claudia me abandonó, me cambio por alguien más, pero aun así, es mi hermana. Decreto que mi vida es hermosa y sana.
Tengo que reconocer que son recuerdos muy dolorosos, pues durante mucho tiempo esas palabras se fueron quedando marcadas en mí, se convirtieron en tatuajes que sí se ven en mis acciones y no son un adorno con pintura en mi espalda baja o mis tobillos, son palabras que me marcaron el corazón y mi confianza. Hoy busco algo, lo que sea, que me pueda borrar esas marcas y el láser no es opción. Alguien a quien quiero mucho me dijo una vez: “los recuerdos dolorosos son como fracturas que mal sanaron, para poder sanarlas, se tienen que romper de nuevo y acomodarlos para que ahora sí, se unan de forma adecuada.” Me da miedo, de hecho, al contar estas cosas, me doy cuenta que tengo mucho por arreglar.
Tenía 13 años y me sentí abandonada, no entiendo qué fue lo que pasó, qué planetas se habrán alineado para que todo eso pasara, qué hice en mis otras vidas o en esta para tener que pasar por tanta soledad, no quiero ser una víctima, pero entre amigas, les digo la verdad, me sentí como la reina de la basura, era una basura y a veces me sigo sintiendo así.
Poco a poco voy recordando que no solo fue a los 13 años, mi madre siempre me dijo que el ser bonita no importaba nada, que mejor no me creyera esa idea porque no era cierto, que el verse en un espejo es una tontería y “si te sigues viendo en el espejo se te aparecerá una bruja”; eso de los 10 años hasta hace poco. Ahora, ya no me lo dice pero está en mis acciones, no le temo a las brujas en los espejos, me dan tristeza esas palabras y me viene otra frase célebre de mi madre: “para que te arreglas tanto, ya te vas a ir de loca, ¿verdad?, eres una pendeja”.
No me siento capaz de aprobar un examen, terminar una carrera o tener un esposo que me ama.
Haaaaaa, grito, porque soy una luchadora y porque aunque todos esos recuerdos, esos tatuajes que están en mi corazón, duelen, voy a salir adelante, tengo todo para triunfar y de ser necesario fracturaré todos y cada uno de mis huesos para ayudarlos a sanar de forma amorosa y limpia, sin resentimientos ni egoísmo, sólo amor y confianza, y con una sonrisa, algo que a pesar de cualquier cosa siempre me acompaña.
Hoy le sonrío al amor y a la vida.
Gracias Dios por iluminar mi camino siempre.
Significado de palabras por Vainilla.
Abandono: Miedo, mi mayor temor, no puedo mentirme, estoy cara a cara con mis recuerdos y esa palabra me lleva al día en que mi papá se fue, es una sensación de angustia, me siento desprotegida y cada vez que alguien la menciona, digo: ¿sí?, ¿acaso me hablaron?, como si hubieran dicho: “Vainilla ven conmigo”. Simplemente así crecí, abandonada por el amor de mi familia, con una idea extraña sobre el amor. ¡Claro!, me doy cuenta, no toda la gente se va ni es una ley que a quien conozca o ame, tenga que abandonarme. Ahora esa idea tengo que trabajarla más a fondo para no sólo decirla, sino para sembrarla en mí y realmente sentirlo. Pero bueno, por algo se empieza y creo que el poder decir esas palabras me llevará por buen camino.
Luchadora: Esa soy yo, una luchadora, hasta hoy me doy cuenta gracias a la escritura; la escritura me ha puesto en contacto con mis sentimientos verdaderos sin importar si son dolorosos o alegres. Fue a causa de un engaño, una mentira, que me puse cara a cara con la depresión, esa sensación de no tener motivos de vida, que físicamente no requiere esfuerzo alguno pero al final del día resulta muy agotador. Yo no creía que la depresión existía y era porque si me pasaba algo nunca me dejaba caer. Y hoy, que vivo con ella, mi mayor lucha es levantarme cada mañana y ser una mujer productiva, no juzgar y tratar de entenderme más, luchar con los miedos y humillaciones que sembraron en mí desde pequeña; lucho para no tener que ser como el matriarcado en el que crecí, lucho por ser una gran mujer y no quedarme a mitad del camino, lucho contra mis autocríticas y trato de aceptar mis limitaciones. Lucho con la gente que dice:”no se puede”. Desde mi trinchera, con la cabeza en alto, guiada por mi corazón y mi sexto sentido, me levanto cada día.
Confianza: Es una línea sumamente delgada entre vivir en paz con una misma y con la gente que amas. No hay nada más hermoso que levantarse cada día y sentirte merecedora del amor que recibes por parte de tus amigos, familia y pareja; el poder verlos a los ojos llenos de sinceridad. Cuando esa línea se atraviesa con una mentira, un engaño esa paz, simplemente ya no existe; al ver a los ojos a la gente que amas cambian por completo, bajan la mirada, la esconden, y los sueños se convierten en pesadillas. Hoy la vida me puso en el camino del aprendizaje y tengo que confiar sin preguntar “porque, me paso a mí” y mi lección es aprender a confiar de nuevo en la gente que amo; estoy en el camino de confiar nuevamente en el hombre que más amo. Es aceptar que somos seres humanos y que todos cometemos errores, aceptar que él cometió un error, que está arrepentido. La confianza es no juzgar a nadie, tomar decisiones sin miedo cuando estoy segura de lo que soy como mujer, estoy tranquila y feliz con las decisiones que he tomado hasta hoy; confiar es no dudar de mí. Confianza es cuando recuerdo que puedo tener fe en Dios y El Universo, es simplemente energía, cuando algo bueno me pasa es porque estoy dejando que Dios y la Energía Universal escuchen lo que pide mi corazón, es autoconfianza y amor propio. No sólo Dios está en las cosas buenas, le agradezco la prueba que hoy me puso, pues eso me ayudará a ser una mejor persona y sé que me mandó a ese camino porque al final y en el durante algo extraordinario está sucediendo.
Cuando el amor te guía.
No quiero tener más el título de “niña abandonada”, no quiero saber más de terapeutas, psicoterapeutas, no quiero que me digan que la fluxetina o cualquier otro antidepresivo me ayudaran a salir de mi gran tristeza, no, ya no más. No estoy deprimida, eso me repito cada mañana, y al caer la noche, a veces, solo a veces, me pregunto si tendrán razón aquellos que tanto me recomiendan a algún psicoanalista o un té. Me dan ganas de correr y gritar, pero mi cuerpo no me lo permite, no tiene fuerza, esa energía está en mi cabeza y no de buena forma, no me ayuda, me vuelve loca, me hace pensar en cosas inexistentes, provoca que salgan de mi boca palabras que no están conectadas con ningún sentimiento. Digo groserías, lloro y me ahogo en mi propio llanto, no estoy viviendo estoy sobreviviendo.
¿Cómo llegué a sentirme así?, estoy decepcionada de mí, me caí y no he podido levantarme, me siento tan cansada que a veces olvido que soy una luchadora, que me he enfrentado con cosas peores y he salido. Muchas manos sobre mi cabeza están esperando a que me decida y confíe en ellas, manos amigas, manos de mi amado, manos expertas. ¿Cómo?, pero, siempre he podido sola, así me educaron, así he crecido y me ha funcionado. Me siento tan confundida, y es como si estuviera caminando en un laberinto pero con varias salidas. Por un lado es huir de todo, comenzar de nuevo, gente, casa, trabajo, pero no es lo que quiero, eso sería muy fácil y una luchadora, una guerrera, nunca se aleja en medio de una batalla.
La siguiente salida es quedarme así, acostada encerrada por mi propio gusto en casa, en mi hogar. Me doy cuenta que soy tan estúpida, lo tengo todo y no lo disfruto, simplemente no puedo, y de verdad, ya no puedo cargar más con estas dudas y miedos que sé me hacen tanto daño, y simplemente no sé cómo acabar con esos malos recuerdos que día a día me atormentan. No me dejan tener paz en mi corazón, es una batalla diaria entre confiar o no. Cómo acabar con esa voz que hace que me duela mi cabeza con tantas preguntas, antes solo me decía “aviéntate, no pasa nada”, ahora no me acerco si quiera a la orilla.
Me sembraron en una tierra fértil para que creciera fuerte y aguantara cualquier tormenta, a cualquiera que me pisara, pero olvidaron decirme qué hacer estando sola, solo me dijeron que “vivir sola, es de orgullo, solo las fuertes lo logran”. Y no sabían que lo que estaban haciendo era abandonarme a mi suerte. Por fuera, puedo todo, no hay nada que me impida seguir, puedo cargar cosas, trabajar, subsistir. Pero olvidaron darme un escudo y un remedio para el corazón roto, para creer en la gente.
Hoy estoy cansada de ser una luchadora, también soy frágil y también necesito que esas manos que están sobre mi cabeza me levanten y me abracen, esa es la tercer salida que tengo y hoy he decido caminar a ella. La salida del amor, de la confianza, no puedo abandonarme como los demás lo han hecho, estoy a nada de caer, pero como siempre mi fe en Dios y en ese maravilloso Universo me ayuda a dar un paso más.
Escribo con dolor y alegría, sentimientos encontrados, pues por un lado el ver las cosas como son y aceptarlas tiene un sabor amargo y con alegría porque es una batalla más que pronto ganaré, es aprendizaje y es un reencuentro conmigo.
Vainilla