Primer lugar, Premios DEMAC Querétaro 2008: Las Abuelas de hoy
Autora: Fiona, seudónimo que ampara el texto Ser Abuela de Lidia Aspuru Lloréns
Querido nieto o nieta,
Lee esta carta que te escribí
Con el fin de compartir contigo
Lo que para mí es…
Ser abuela
Mis Abuelas
Primero que nada quisiera platicarte que yo, al igual que tú, también tuve dos abuelas. Una se llamaba “Abuelita Lupita”, era la mamá de mi papá. Era viejita, gordita y se vestía con unas faldas muy largas que llegaban hasta el suelo, eso era porque así se usaba en aquellos tiempos. Estaba casada con mi abuelito Modesto, quien había venido de España, de origen vasco y era dueño de un pequeño taller donde él hacía y pintaba figuras de yeso, como las del nacimiento navideño. Mi abuelita Lupita a veces nos hablaba en francés y los domingos que me llevaban a visitarla, siempre me regalaba una moneda de plata de cinco pesos, que para una niña, era mucho dinero. Ella tenía muchas jaulas con canarios en su casa. Le encantaban los canarios. También le gustaba mucho tocar el piano, y todos los domingos por la tarde, después de comer, se ponía a tocar el piano para agradar a mi abuelito y a sus nietos. En ese instante, inmediatamente todos sus canarios empezaban a cantar con la música del piano. Pero si mi abuela se detenía, los pajaritos también dejaban de cantar. Y cuando ella comenzaba nuevamente a tocar su piano, también los canarios reanudaban su canto. Recuerdo esos momentos con mucha alegría.
Mi otra abuela, “Abuelita Luchita”, era la mamá de mi mamá. También usaba faldas largas, largas, hasta el suelo. También se casó con un señor español, que vino desde Valencia, era mi abuelo Pepe, quien era dueño de un enorme taller donde se plisaban las telas de forma permanente y se forraban botones. Cuando yo iba a su taller, él me dejaba usar la máquina de forrar botones y me daba miles de retazos de tela para forrar los botones que yo quisiera.
Volviendo a mi abuelita Luchita, te platico que ella era delgadita. Siempre estaba en la cocina de su casa y cuando nos invitaba a comer, nos daba una sopa de fideos, deliciosa.
Algunas tardes abuelita Luchita me llevaba de la mano a comprar el pan y yo iba muy feliz porque sabía que me iba a comprar mi paleta helada de limón.
También me llevaba a ofrecer flores a la virgen, cosa que me encantaba, pues me podía poner mi vestido blanco y largo que había usado en mi primera comunión; entonces yo iba por la calle sintiéndome toda una princesa. En su casa se hacían las posadas de la familia Lloréns, con villancicos, piñata y todo.
Mis dos abuelas (Abuelita Lupita y Abuelita Luchita), vienen siendo ni más ni menos que tus Tatarabuelas. Mis papás siempre me llevaron a visitarlas y tengo recuerdos preciosos que pasé con ellas. Las quise mucho.
Tu Bisabuela
Mi mamá fue tu bisabuela. Se llamaba Luz Lloréns Bellido. Era la abuela de tu papá. Sus hermanos le decían “La Nena”, aunque tuviera setenta años de edad. Se casó con mi papá, José Ángel, un hombre maravilloso a quien yo consideraba mi ídolo.
Tu bisabuela era una persona con gustos muy finos, nos compraba poca ropa pero de la mejor calidad. Se encargó de que yo estudiara en escuelas de muy buen prestigio. Cuidaba mucho de mi salud física, en las vacaciones escolares nos llevaba con el oculista, el dentista, el ortodoncista, el ortopedista y quién sabe con cuántos médicos más, para que nos revisaran que todo estuviera bien. Desde niña, ella me llevaba al Palacio de Bellas Artes a ver el ballet clásico y le gustaba mucho escuchar música clásica. Su compositor favorito era Peter Tchaicovski.
Fue de las pocas mujeres que se atrevieron a conducir un coche. Aprendió a manejar en 1957. Siempre estuvo algo enferma, por lo que no tenía muy buen carácter, sin embargo, me enseñó todos los preciados valores que me hacen ser quien soy ahora. Me gusta como soy, gracias mamá.
Antes de ser Abuela
Bueno, comenzaré por platicarte quien era yo antes de convertirme en lo que soy ahora: tu abuela.
No me vas a creer si te digo que cuando tenía tu edad, yo no era para nada una persona alegre y juguetona, como lo soy cuando estoy contigo.
Yo era una niña tímida, me daba pena hablar con la gente grande, tal vez hasta podría decirte que era una niña un poco triste. Pero no me daba cuenta de eso, yo creía que así eran las cosas y pues las vivía como se me iban presentando y punto.
Cuando crecí y ya iba en la Secundaria, sucedió algo realmente muy importante, algo que cambió mi vida: perdí a mi papá. Eso si fue verdaderamente triste, porque ¿sabes?... yo lo amaba muchísimo, muchísimo. Me habría encantado que tú conocieras a tu bisabuelo Pepe, ¡era un tipazo! Ese acontecimiento me afectó demasiado, pero también me hice fuerte, es decir, aprendí a trabajar para ayudar a mi mamá, y lo hice muy bien.
Cuando yo cumplí veinte años, conocí a tu abuelo Güicho, bueno, en ese entonces todavía no era abuelo de nadie. A ti te va a gustar saber que tu abuelo Güicho y yo estábamos muy enamorados y entonces un lindo día de enero, nos casamos.
Pronto me convertí en mamá. Tuvimos tres hijos, que cuando crecieron, también se casaron y se convirtieron, ni más ni menos, que en tu papá y tus tíos.
Ser mamá era muy divertido, sobretodo cuando jugaba con tu papá y tus tíos. Yo los disfrutaba un montón. A veces también los regañaba cuando hacían travesuras.
Mientras tu papá crecía y se hacía grande, pasaron algunos años. Teníamos muchos momentos de felicidad en la familia, sin embargo, no todas las cosas salieron muy bien, pues al final decidí ya no seguir casada con tu abuelo, es por eso que él y yo ya no vivimos juntos. Cuando seas más grande, quizás te comparta un poquito de este asunto.
Un día, tu papá también se enamoró, ¿adivina de quién?... pues claro… ¡de tu mamá!, ya que era la chica más bonita del planeta y, sobretodo, tenía un corazón como el de las hadas buenas que hay en los cuentos.
Entonces, como estaban tan enamorados, decidieron casarse. Yo estaba muy contenta con esta decisión, pero lo que más me hizo feliz, fue que cuando tuvieron un bebé, yo me convertí en abuela. Y me vuelvo a estrenar en abuela, cada vez que nace otro nieto o nieta.
¿Qué es ser Abuela?
¿Cómo explicarte lo que es ser abuela? Mira, déjame platicarte que ser abuela es algo muy emocionante, porque en primer lugar, uno lleva tantos años de ser mamá, que en realidad podríamos decir que te acostumbras a ello.
Y de repente, un día te avisan que dentro de unos meses vas a ser abuela, o más bien, ya eres abuela desde antes de que el bebé nazca. Ahora sí, la cosa cambia. Entonces, el muchacho que yo siempre había visto como mi hijo, también va a ser papá, ¡sin dejar de ser mi hijo! Nadie puede negar que es un sentimiento demasiado nuevo, demasiado bonito, demasiado extraño, demasiado… ¡de todo!
Una vez que tú naciste
Tuve que esperar el mismo tiempo que esperaron tus papás para que nacieras, pero por fin un día… ¡naciste! Inmediatamente corrí al lugar en donde cuidan a todos los bebés recién nacidos y de veras, no es porque yo sea tu abuela, pero ninguno de los bebés te llegaba ni a los talones, créeme, ninguno. Me hiciste sentirme orgullosísima, y en ese mismo instante, marcaste el comienzo de una nueva etapa en mi vida.
Esta nueva etapa es muy bonita, te voy a decir por qué. Resulta que cuando me dejaron cargarte por primera vez, yo me dije: “¡hey! A esta criaturita no tengo que educarla, ni pagarle la escuela, ni preocuparme de su ropa, ni nada; únicamente está aquí para que yo la ame y la disfrute”… eso sí que me dio emoción. Y desde entonces, como te habrás dado cuenta, es exactamente lo que hago: amarte y disfrutarte.
La mejor abuela del mundo
Una vez que ya soy abuela, soy abuela para siempre. Entonces pensé: “Quiero ser la mejor abuela del mundo”. Pero, ¿cómo? ¿qué tendré que hacer?... ¿tal vez tratar de no separarme ni un instante de ti?, ¿comprarte muchos juguetes?, ¿darte todo lo que me pidas?...
No, eso sí que no. Eso no es ser buena abuela, y yo quiero ser la mejor abuela del mundo. Y me dije: “voy a construir una relación con mis nietos, que esté basada en el respeto”. Tomé un lápiz y una hoja de papel, y me puse a escribir una lista de diferentes formas de cómo tratarte con respeto y amor. Se me ocurrieron doce, y los voy a llamar “Los Doce Mandamientos de la Abuela”. Te los comparto:
1. Te escucharé, sin juzgarte.
2. Opinaré, sin aconsejarte.
3. Confiaré siempre en ti.
4. Te ayudaré, sin decidir por ti.
5. Te cuidaré, sin sobreprotegerte.
6. Te abrazaré y besaré, sin asfixiarte.
7. Te animaré, sin empujarte.
8. Te sostendré, sin hacerme cargo de ti.
9. Cuando preguntes, te diré siempre la verdad.
10. Estaré cerca de ti, sin invadirte.
11. Te aceptaré, sin querer cambiarte.
12. Contarás conmigo, sin condiciones.
Cuando seas más grande, irás comprendiendo cada vez más mis famosos Mandamientos, los cuales me recordarán la manera como mereces que yo te trate.
Algo para compartirte
Es muy probable que la vida nos va a seguir permitiendo estar juntos por un buen tiempo, y que luego yo me adelantaré en mi viaje eterno. Sin embargo, para ti nunca me habré ido del todo, pues estoy bien segura de que mucho de lo que hemos convivido se quedará en tu memoria y en tu corazón. No puedes negar que esa sería una hermosísima manera de acordarte de mí, cada vez que tú quisieras.
Te he de decir que a los abuelos nos fascina compartir nuestra bien ganada sabiduría. Y de esa sabiduría adquirida te quisiera compartir algunos tips que me han servido para ser la persona, mamá y abuela que soy ahora. He aquí algunos de ellos:
Cada vez que puedas, lee libros, disfruta los amaneceres, escribe cartas, escucha música, cuida a tus amigos, comparte la risa y el llanto, canta, respira hondo, habla con Dios, sé paciente, llora sin vergüenza, ríe a carcajadas, di siempre la verdad, reúnete con la familia, agradece siempre, y sobretodo… ¡ama mucho!
Gracias por quererme incondicionalmente
Tu abuela,
Fiona