Soy un rostro tembloroso en el agua cuando ésta recoge mi aliento, con un leve temblor en su superficie desvanece mi imagen por un instante para re-instalarla nuevamente. Mi mirada no puede detenerse en los ojos, huye, tengo que forzarla, obligarla. Quiere vagar por todo el rostro, hurgando, descubriendo; no quiere ver en la profundidad. No, no soy ésa. Estos rasgos desfigurados por el tiempo y la fuerza de gravedad, no los quiero. Sin embargo me jalan hacia ellos, me atraen como una pesadilla incontrolable. ¿Qué más hay? Tiene que haber más ¿Por qué no se refleja? ¿Por qué mi aliento no logra cambiar esa caricatura en la que me he convertido?
Como en los cuentos de hadas, necesito un espejo mágico ya que siempre suceden cosas extrañas con los espejos; uno puede pasar a través de ellos, o hablarles… y te contestan. Estoy segura de que son una especie de puerta y que del otro lado hay otro mundo, pero está atrapado. Necesitaría pasarme atrás por el revés del espejo para poder verlo. Y me pregunto ¿Qué está atrapado? Vidas, instantes, miradas furtivas, pensamientos nunca expresados, preguntas… De repente me da miedo que se rompa el espejo, decían en el pueblo que si rompes un espejo te tocan diez años de mala suerte. ¿Por qué? Nunca lo supe, no será porque son caros, no, eso no. Tiene que ser algo más misterioso. Creo que si se rompe un espejo, todos los rostros, sonrisas, sueños y siluetas que en él se reflejaron quedaron allí, presos, y al romperse el espejo se mueren; como diminutas luces, ya no pueden ser contenidas y empiezan a vagar buscando una mirada que las reconozca, volviéndoles la vida, depositándolas en un nuevo espejo.
Pero este espejo de agua es sólo mío, el agua lo ha limpiado y me devuelve una imagen, ésa que veo y que me da miedo, no tanto por ese cansancio en sus ojos y en su piel, sino porque parece susurrar: “ya no queda mucho tiempo”.
Espero que se calmen los latidos, el pánico; espero en la calma de este agua, el reflejo de mi mundo, ahora transparente y todavía tembloroso, como mi mano, como mi piel. Mi mundo se refleja ahora profundo y se estremece bajo el arado del tiempo, abriendo surcos para recibir semillas traídas por vientos desconocidos que he de regar y abonar con las fuerzas y esperanzas que me quedan.
Mi mundo es hoy quizá más pequeño, se va encogiendo, como mis huesos; y en este pedazo de tierra donde me muevo, mi aliento todavía logra mover la inercia de mis cansancios en el reflejo de mi espejo de agua.
Fanny Morell