Estudios autobiográficos

Junio, 2008

Escribirse: la autobiografía como curación de uno mismo

Este mes, te presentamos este interesante resumen del primer capítulo del libro titulado Escribirse: la autobiografía como curación de uno mismo (editorial Paidós), de Duccio Demetrio…

De verdad, inspira para tomar pluma y papel y empezar…

Un día, quizá por casualidad

Autobiógrafos por pasión

Hay un momento en la vida en que uno siente la necesidad de relatarse de un modo distinto al habitual… Es una sensación, un mensaje que nos llega de improviso, sutil y poético pero capaz de asumir forma narrativa… Esta necesidad de contornos imprecisos, que puede permanecer por el resto de la existencia como una presencia incompleta, recurrente e insistente, toma el nombre de pensamiento autobiográfico.

Sólo en este caso, además de convertirse en un proyecto narrativo completo, un diario retrospectivo,  historia vital y vida novelada, da sentido a la vida. Permite a quien se encuentra casi invadido por este pensamiento tan particular, sentir que ha vivido y que todavía está viviendo, que la pasión por el propio pasado, se transforma en pasión por la vida posterior.

El pensamiento autobiográfico, incluso cuando se dirige hacia un pasado personal y doloroso, de errores u ocasiones perdidas, de historias mal acabadas o simplemente no vividas, representa siempre un pacto con lo que uno ha sido. Dicha reconciliación –desde luego una absolución nada fácil- proporciona al autor de su propia vida una paz interior.

Porque observar como espectadores nuestra propia existencia no es simplemente una operación despiadada y severa. La reconciliación, la compasión, la melancolía son sentimientos que, apaciguando nuestra subjetividad, la abren a nuevos horizontes. Cuando el pensamiento autobiográfico conoce y desvela estos instantes afectivos, abandona su origen individualista y se convierte en algo muy distinto… el egocentrismo que parecería caracterizarlo se transforma en un altruismo del alma; deja una huella benéfica…
Por este motivo, el pensamiento autobiográfico en cierto modo nos cura; relatarnos nos hace sentir mejor, se convierte en una forma de liberación y de reunificación.

… Mientras nos representamos y reconstruimos “revelamos los negativos de nuestra vida”. Nos hacemos cargo de nosotros mismos y asumimos la responsabilidad de todo lo que hemos sido y hemos hecho y que, llegados a este punto, no podemos sino aceptar.
Cuando repensamos lo que hemos vivido, creamos otro yo. Lo vemos actuar, equivocarse, amar, sufrir, disfrutar, mentir, enfermar y gozar: nos desdoblamos, nos multiplicamos y nos situamos en dos lugares al mismo tiempo.

…cada uno de nuestros recuerdos es siempre una invención nueva y distinta; una pálida imitación de lo que nos ha sucedido realmente, cuya huella permanece en nosotros, por el hecho de que aquel acontecimiento fue “tan fuerte” que determinó el curso de nuestra vida y la vivencia de algún segundo de belleza, de lucidez mental, o viceversa, de silencio, oscuridad, extrema soledad o intensa locura.

Los “yos” que hemos sido y que continuamos siendo y queriendo ser gracias al recuerdo, entre sentimientos de añoranza y de plenitud, es justo que continúen vagando sin rumbo. Tenemos la necesidad de seguirlos viendo improvisar, errar, traicionar, contradecirse y tropezar de nuevo con sus mentiras y sus salidas de tono leves o exaltadas.

La necesidad del adulterio sicológico contra ese yo dominante que, pretendiendo siempre representar nuestra conciencia, ha acabado por confundirla con la “razonabilidad”, con el sentimiento del deber, con el pedante problema de mostrar una coherencia con el mundo y con uno mismo, es intrínseca a la vida de mujeres y hombres.

El trabajo autobiográfico reduce el yo dominante y lo degrada a un yo necesario, yo tejedor, que reconstruyendo, construye y busca la única cosa que vale la pena buscar y que constituye el sentido de nuestra vida y de la vida en general. Una búsqueda destinada a quedar incompleta porque por lo que parece, nuestra mente no ha sido programada para encontrar una respuesta convincente si no es en la fe.

Pero resulta erróneo y deprimente vivir la autobiografía como una medicina para liberarse del propio pasado, distanciándose de él. La verdadera curación de uno mismo, hacerse cargo realmente y hacer las paces con nuestras propias memorias, probablemente empieza cuando el que entra en escena ya no es el pasado sino el presente, que transcurre día a día añadiendo otras experiencias. La autobiografía no sólo consiste en revivir: es también volver a crecer para uno mismo y para los demás. Por ello la autobiografía es un viaje formativo y no un ajuste de cuentas.

Sólo entonces descubriremos que hemos abierto y estudiado los libros de nuestra biblioteca interior que habíamos ido escribiendo sin darnos cuenta. Y en los cajones de la memoria encontraremos todos los géneros literarios.

Descubriremos también que la actividad de la mente y todo el material necesario para emprender el proyecto de revivir a fondo nuestra vida, llenan completamente nuestra existencia que quizá nos parecía vacía de acontecimientos.

Hay dos sensaciones psicológicas que hallamos durante este proceso interior de reconocimiento: la saciedad y la insaciabilidad de vivir. El trabajo autobiográfico sirve para “nutrirse” de existencia. Hasta el límite de las posibilidades que la capacidad de la memoria o la imaginación nos permite.

La búsqueda de la unidad y el descubrimiento de la multiplicidad, constituyen el ritmo musical, la banda sonora, del trabajo autobiográfico.

13 Jul20:05

solo un comentario

Por Anónimo (no verificado)

Mientras leia, recordaba, la primera vez que escribi algo, solo tenia dieciseis años, aún no me casaba, y fue una idea tonta, pero como me reconfortaba, me llenaba de sentimientos encontrados, mientras sentia una emoción que recorría todo mi cuerpo, también se desconectaba mi cerebro de la realidad, soñaba con ser una gran escritora,  quería derramar todos mis sentimientos y pensamientos, y en algunas ocasiones sufría, mientras pensaba en la persona a quien dedicaría ese pensamiento, la personalizaba, a cada quien que lo escribía, era de esa persona, fuera hombre o mujer, incluyendo las cartas a los novios de mis amigas, o de lo contrario, a las novias de mis amigos, mientras los sentimientos se desbordaban, entre inquietud y duda, escribía poemas, versos, cartas, pensamientos, en ocasiones tontos o absurdos, ni siquiera tengo buena ortografía, pero sólo pensaba en concentrar mis fuerzas para escribir algo mejor, todavía siento esa energía, la siento hasta mis huesos, mientras mi padre decía, sabías que tal vez eres pariente de tal.... por eso eres así, pero los escritores no comen de eso, y tiene razón, pero qué bien se siente, cuando sacas todos esos fantasmas, cuando limpias tus pensamientos, desnudas tu piel, por lo menos en el papel, es la sensación más maravillosa que existe, cuando escribes tu pasado y revives tus errores, y puedes ver lo que has hecho, no pudes creer eso, incluso, percibes tu vida tal cual, es la más grande bomba de tiempo, ya que de la manera más simple ves y opinas sobre tu vida, como pudiste evitarla, o por lo menos que puedes hacer con lo hecho, es la más grande de las virtudes, que Dios nos puede dar, sacar la basura de nuestras mentes, y recuperar nuestras vidas, disfrutar en cada momento de ellas, en buenos y malos momentos, y hasta te ríes de tus propias torpezas. 

María Esther

27 Ago07:17

LA AUTOBIOGRAFIA

Por la soñadora (no verificado)

Desde muy temprana edad tuve pasión por la lectura y la escritura, me encantaba escribir cuentos, poemas, crear historias fantasiosas que tuvieran una enseñanaza inmersa, siempre quize que mis escritos tuvieran un sentido, curiosamente en el momento en que llego el amor a mi vida también renacio en mi ser el deseo de escribir mas este se avivo cuando lo senti perdido y fue precisamente en estos momentos cuando la desesperación por no tenerlo, la tristeza o la depresión me querían hacer presas y el papel y la pluma fueron mis mejores confidentes para desnudar los sentimientos de mi alma, era increible pero escribía, escribía dejaba plasmados todos mis sentires, mis emociones, mis esperanzas y desesperanzas, mis sueños, anhelos, ilusiones, mi fe que en repetidas ocasiones creí perdida,  al escribir me liberaba de todo aquello que me ahogaba, me sentía en paz con mi yo interior, desfogada, era una terapia emocional maravillosa porque al leer mis verdaderos sentimientos me sentía satisfecha.

Ya en edad más madura decidi escribir mi autobiografía, me llevo un par de años, todos los días me daba un tiempecito para hacerlo, fue un proceso hermoso con todo y los momentos tristes que en ocasiones surgieron, porque efectivamente recordar es volver a vivir, y fue como mirarme en un espejo, una introspección, me vi de frente, me encontre conmigo misma, me conoci y reconocí aún más inclusive caí en cuenta de detalles que formaban parte de mi personalidad y que los hice tan cotidianos que ni siquiera creí que existieran, observe que precisamente fue en los momentos mas tristes, amargos y díficiles de mi vida cuando más aprendi y cuando curiosamente emanaron de mis adentros los mas divinos sentimientos , justo en estos momentos hice mío los versos y la poesía afloraba.

El darme la oportunidad de plasmarme a mi misma fue realmente gratificante, aprendi mucho, me brindo mayor seguridad en mi persona y me hizo sentir con más valia, me reconoci como una mujer valiente, poderosa, inteligente y sumente capaz, también identifique y acepte mis defectos que finalmente me hay llevado a evolucionar y a forjarme en una mujer más madura y un mejor ser humano.