Encuesta del mes

Agosto, 2009

Explotación laboral

¿A qué edad empezaste a trabajar? ¿Recibías un pago justo por tu trabajo? ¿Eras explotada?

Nuestra encuesta del mes gira en torno a la explotación laboral infantil y sobre las mujeres.
En México, de acuerdo con diputados de la Comisión del Trabajo, existen 3.3 millones de menores de entre seis y 14 años trabajando, actividad que está prohibida a su edad de acuerdo con la Constitución y la Ley Federal del Trabajo.

La mayoría de las niñas -60%- se emplean en trabajos domésticos, mientras los niños -70%- en trabajos campesinos.

El panorama no parece justo ni para las niñas ni para las mujeres. De acuerdo con el INMUJERES, “en la actualidad, 50 por ciento de los hogares cuentan con ingresos generados por el trabajo femenino… (sin embargo) las condiciones en que se desempeñan mujeres y hombres en el ámbito laboral muestran una desventaja considerable para ellas… La discriminación salarial es uno de los principales aspectos de la desigualdad laboral… los costos de contratación son desiguales, pues las mujeres asumen prácticamente en su totalidad las implicaciones de la reproducción social, incluidos la crianza de los hijos y el cuidado del hogar, lo que genera importantes barreras de adaptabilidad a horarios trabajo y, en ocasiones, el abandono laboral, con la consecuente pérdida económica y de acumulación de experiencia laboral y escasa cotización a los sistemas de seguridad social”.

Por este motivo, te invitamos a que respondas la encuesta:

  • ¿A qué edad empezaste a trabajar?
  • ¿Recibías/recibes un pago justo por tu trabajo?
  • ¿Eres/eras explotada?
  • ¿Cómo te organizas para trabajar y atender a tu familia?

Escribe aquí tus respuestas, nárranos tus experiencias o envíalas a diana.perez@demac.org.mx
¡Esperamos tu participación!

01 Mar11:17

explotación laboral

Por maru (no verificado)

bueno chicas yo empese a laborar desde los 11 años, primero lo hacia para acompañar a mi mama, ya saben para ayudarle un poco, luego; cuide a unos niños claro yo tambien era una niña que ironia,  pero bueno por cuidarlos me daban como $ 50 por 3 dias, ahora se que me explotaban. mas tarde trabaje en una panaderia como encargada, trabajaba medio turno el de la noche, lo que yo tampoco sabia es que los menores de edad no deben laborar en la noche, mientras estaba ahi me quedaba yo sola en el local por que la dueña se iba de "shopin" y el panadero se iba a las 4pm, y bueno yo hasta las 9 pm, por suerte el rumbo no era feo. y pues jamas deje de trabajar y estudiar por suerte termine la licenciatura en relaciones comerciales, por desgracia no he encontrado un trabajo bien remunerado. y trabajo medio turno de asistente de dirección y sigo trabajando los sabados y los domingos haciendo limpieza desde hace 7 años.  pero siempre hay que tener optimismo, Animo. besos

17 Ago13:56

Mi primer trabajo fue a los

Por Corazón de Melón (no verificado)

Mi primer trabajo fue a los 17 años y busqué trabajo para poder pagar el viaje que quería hacer con mis amigas a la playa para festejar mis 18; sabía que mis papás no me iban a dejar viajar "sola" y por obvias razones no me darían dinero, así que previendo ésta situación trabajé por más de dos meses.  Juntado el dinero nos fuimos... sin embargo de ahí sabiendo lo que significaba tener dinero no dejé de trabajar, quizá lo hacía por tiempos, hasta que me cansaba o me fastidiaba algo de los jefes. Muchas veces considero que no era un buen salario el que ganaba sin embargo pensaba que como "no tenía experiencia"  era el salario que merecía... pero creo que hasta la fecha sigo sin tener experiencia porque el salario que tengo es bastante ridiculo...

Muchas veces trabajé en lugares como en envío de mensajes por localizador donde se nos permitía pararnos una vez al baño y no tardarnos más de 8 minutos, nuestro descanso era de 15 minutos y no había más.. el salario era muy bajo pero a uno le lavaban la cabeza diciendo que el ambiente era para universitarios y que el grupo elektra nos estaba dando una graaaaan oportunidad...

Ya con los años y tras ir y venir, trabajë como rececepcionista bilingüe en un despacho de abogados para poder costearme la escuela, al principio como ya lo han expresado varias aquí me pareció un buen sueldo porque no tenía mayores responsabilidades, así estuve un año hasta que mi papá me apoyó con la colegiatura y me olvidé un tiempo de trabajar.

Hoy trabajo en una dependencia que se dedica a la cultura sin embargo me siento frustrada porque cuando ingresé no me dijeron las condiciones de trabajo´, no era un trabajo de planta sino por honorarios, tenía que hacer más cosas que las que se suponía iba a hacer y más aún tengo que aguantar algunos comentarios incómodos de mi jefe, sus cuantiosas descripciones de sus malestares estomacales, el subrayado en los periodicos en la sección de masajes , los condones en el escritorio...

Muchas pensaran que por qué aguanto esta situación pero al tener ya responsabilidades como los hijos y un sin fin de deudas por pagar y ante el poco empleo que existe en México sólo me queda hacerme un coco wash y decirme pa´delante!! ya saldrá algo mejor!  

Es en este tipo de situaciones cuando pienso que libertad femenina no existe, de un modo u otro estamos supeditadas a los hombres , a las reglas y normas sociales, no nos hemos liberado de nada, es aún una utopía, hay que hacer circo maroma y teatro para poder trabajar, cuidar hijos, cuidar de una... Tiene dos años que no puedo leer un libro! del trabajo a la casa y cuando no alcanza el dinero pienso en los anuncios de los masajes que ve mi jefe y pienso que quizá debería quitarme mis prejuicios y "ganar más dinero en menos tiempo" como prometen ahí...

Quisiera tener más tiempo para mi hija y para mi sin embargo la realidad es la que tengo y pues si, pá´delante! al menos este espacio sirvió de catarsis momentánea!!

Un abrazo a todas!!

 

 

16 Ago09:19

explotación laboral

Por Sestela (no verificado)

Tema: Explotación laboral.

Saludos a todas.

Coincido y me solidarizo con la situación por la que está atravesando Patricia Machorro, pues efectivamente, conforme transcurren los años, las mujeres mayores de cuarenta años tenemos cada vez menos oportunidades de colocarnos en trabajos que vayan de regular a bien pagados. Las empresas, no quieren aceptar personal muy joven porque “no tiene experiencia” y/o argumentan salarios bajos porque se les “carga” el costo de capacitación; sin embargo, tampoco contratan personal experimentado (que por lo regular es gente que sobrepasa ya de los cuarenta años), porque saben que el conocimiento debe ser bien remunerado, y de tener que decidir entre hombres y mujeres, se inclinan por los primeros.

            En mi caso, comencé a trabajar a los doce junto con una hermana dos años mayor que yo, únicamente los viernes en la tarde y el sábado todo el día, cosiendo, o como se dice “pegando” botones en una tienda de ropa tejida para niños, donde también trabajaba una tía. Las dos, lo hacíamos a escondidas de mi padre y a instancias de mi madre quien nos decía que ésa era la edad adecuada para aprender un oficio, independientemente si llegábamos a tener una carrera, ya que uno u otra nos darían de comer. No sabría decir si el sueldo era justo, aunque me imagino que sí, pues lo empleábamos y nos alcanzaba para materiales para la escuela, algún antojo o para completar el costo de alguna prenda que deseábamos, sobre todo zapatos.

            La dueña de la tienda donde trabajábamos se llama Margarita Ramírez y hasta donde me alcanza la memoria, nunca nos explotó, muy por el contrario, al menos yo le debo que me hubiera enseñado a trabajar en toda la extensión de la palabra. Nunca fue grosera con alguna de sus trabajadoras, hasta donde sé. A mi hermana o a mí nos regresaba a casa o nos daba salida temprano si no habíamos terminado la tarea escolar. Decía que primero estaba la escuela, y no sabría decir si a mi hermana, pero a mí me apoyó algunas veces cuando tuve algún gasto extra, precisamente por los estudios.

            Después, en los trabajos que he desempeñado, tampoco he sufrido algún tipo de abuso o  explotación laboral porque afortunadamente hubo quien pusiera en mis manos un librito que se llama “Ley Federal del Trabajo”.

            Por otro lado, pienso y es mi opinión personal, que si las personas que tienen a su cargo adolescentes o niños (lo que sucede frecuentemente), les enseñaran a trabajar con gusto, les pagaran un salario justo; sobre todo no los maltrataran ni abusaran laboralmente de ellos, estarían formando hombres y mujeres que no simplemente desempeñaran una tarea únicamente por la paga sin importarles si las cosas están bien hechas o no; sino que la harían con deseos de que su labor sea la mejor realizada; pero por desgracia, somos un país a quien los medios de comunicación, hablo de la televisora más importante, a diario envía este mensaje: “No te pido México que ganes, sino que no lo dejes de intentar” frase que yo interpreto: “no te pido mexicano que hagas las cosas bien, sino que hagas lo que puedas”. Y en un trabajo, el que sea, esa frase es contraproducente porque fomenta la mediocridad. Ahí se los dejo para que cada quien saque sus propias conclusiones.

            Ciertamente la crisis está golpeándonos muy fuerte y cada vez hay más despidos, situación que obliga a la gente a aceptar salarios por debajo de lo que merece su trabajo; sin embargo, puedo asegurar que las mujeres somos responsables, bien hechas y tenemos el doble de ganas de superarnos a nosotras mismas y a quien se nos ponga enfrente. Merecemos la oportunidad de demostrarlo, y quien esté de acuerdo, que levante la mano.

Patricia: ¡no desistas! Ya llegará; y no son sólo palabras de ánimo, sino de una mujer que creé en otra.

Sestela Santillán

 

15 Ago17:53

discriminación laboral?

Por Anónimo (no verificado)

Cuando leí el tema, me quedé pensando y me remonté más de 37 años. Empecé a trabajar en serio a los 19 años. ¿Cómo había sido?

Primero, un amigo que trabajaba en Cervecería Moctezuma me comentó de una vacante; con el entusiasmo y energía propios de la juventud y la emoción de ir a pedir trabajo, me presenté a hacer exámenes, mis padres me compraron algunos vestidos formales (yo era feliz con playera de algodón, mezclilla y tenis).

Después de cubrir toooodos los requisitos y entrevistas, me aceptaron. Disfruté y aprendí, era una gran aventura, las únicas mujeres de la oficina eran las secretarias de los jefes y yo entré como auxiliar de Crédito y Cobranzas. Tuve buen jefe, hice grandes amigos y me considero afortunada en haber tenido siempre personas que me apoyaran. Allí trabajé aproximadamente un año y me salí porque un compañero casado me acosaba y coincidió con el servicio social de la escuela. No supe manejar la situación y huí. 

Meses después en la escuela formamos una bolsa de trabajo como parte de las actividades de una materia.

Llenamos solicitudes de empleo y las circulamos en varias empresas. Sorpresa menuda nos llevamos mis compañeras y yo cuandon empezamos a recibir ofertas de empleo.

Nos llamaron de Aurrerá y otra vez la emoción de una nueva aventura. Entré ganando un sueldazo ( eso me parecían siendo hija de familia, soltera y sin obligaciones) y entonces conocí lo que es trabajar y estudiar el mismo tiempo.No creo que fuera mal sueldo, ya que también mis amigas podían darse ciertos lujos.

Mi jefa era tolerante con los permisos para trámites de la escuela y trabajos finales. El trabajo era pesado, pero no considero que fuera inhumano. Había tiempo para salir con los amigos, fiestas y concluir una carrera.

Hasta ahora me doy cuenta los sacrificios de mis papás y su insistencia porque terminara una carrera.

Años después, sí supe lo que es enfermarse por la presión de trabajo y la competencia constante por resultados. También hubo circunstancias donde directivos trataron de abusar de su nivel, pero nuevamente algo pasó que no lograron su objetivo.

Pero esa, es otra historia.

 

03 Ago13:49

crónicas de una desempleada

Por Patricia (no verificado)

CRÓNICAS URBANAS DE UNA DESEMPLEADA

CINCUENTONA Y SIN EMPLEO… ¡A LA MORGUE!

Por Mi.

Por esas cosas del destino, tuve que estudiar algo que ya me habían anticipado me llevaría a la ruina: comunicación. Y es que siempre me gustó comunicar, decir… y lo peor en estos tiempos: denunciar.

Tengo que reconocer que viví mucho tiempo, honradamente, sí señor, de las letras. No nada más de cuatro, como muchas, sino de todo el abecedario, en importante editorial y no contenta con eso, lo hice también en inglés, lo que me valió trabajar en empresas internacionales y conocer a mucha gente interesante e interesada.

Sin embargo la vida me fue llevando a otros derroteros de la comunicación como la televisión, medio que es por demás extraño, porque los que están en la pantalla, es cierto, la mayoría de las veces son eso ¡de pantalla!  Y es que todo es cuestión de moda, si estás de moda o no lo estás y lo peor, también es cuestión de edad. Si pasas de los cuarenta ¡qué horror! Y si tienes más… de plano te quieren mandar ¡a la morgue!

Curiosamente la que era mi jefa era bastante más grandecita que yo, tanto en volumen como cronológicamente y un buen día me dijo: “oye, ya estás muy grande, por qué no buscas algo más tranquilo, de acuerdo a tu edad”.  Y pues aquí estoy sin chamba y sin ninguna prestación, porque con este desempleo, hasta mis mejores amigos ya no pueden prestarme, porque también son desempleados.

Aludiendo a nuestra cultura, se dice que los aztecas veneraban  a los ancianos y valoraban su experiencia y sus consejos, en cambio ahora, sus descendientes, es decir mis connacionales – que anhelan al menos parecer extranjeros -  tienen un gran desprecio por la gente “vieja”. El otro día iba a la zona de San Ángel y le pregunté al conductor del camión que supuestamente cubre esa ruta: ¿disculpe joven, pasa por el Panteón Jardín? Y su respuesta fue: “si no sabe regresar para qué se sale”.

Así las cosas y sin tener los recursos suficientes para sobrevivir, decidí hacer acopio de fuerzas y buscar empleo en el periódico, porque todos mis cuates que estaban en los medios, ¡qué digo medios… enteros!, pues ya no están, porque hubo recorte de personal o porque le empresa se declaró en quiebra o porque los corrieron ¡por viejos, rucos, gagás y demás! El caso es que ahora en los puestos más importantes y de poder hay muchas caritas jóvenes,  que si no tienen trayectoria y experiencia, por lo menos ¡sí tienen prepotencia! Algo es algo diría yo…

Compré el periódico escatimándole a mi gato lo de sus croquetas y empecé a revisar las columnas de los empleos. Qué bárbaros no sólo quieren personas de menos de 35 años (y miren que aumenté el rango de edad) también las piden delgadas, guapas, con personalidad, automóvil, manejo de paquetes web, capacidad para tomar decisiones, disponibilidad para viajar y hasta con determinada talla… y eso que no estaba viendo los clasificados de adultos, donde vienen los anuncios de modelos liberales, traviesas masajistas y discretas acompañantes para ejecutivos. De pronto se me iluminaron los ojos, porque leí: “es usted capaz de establecer una buena comunicación con niños y adolescentes para juntos descubrir el universo del conocimiento”, lo entendí perfecto, aunque estaba en inglés. Solicitaban una maestra de inglés en un colegio particular y cerca de mi casa. No lo podía creer, al fin Dios se había apiadado de mí y no decía nada de la edad. Más rápido que una mosca con hipo me puse en contacto con ellos, hice una cita y me lancé al día siguiente a la entrevista.

Mientras iba en camino pensaba qué mala onda que a la gente madura ya no la quieran en ningún lado, que no tomen en cuenta la preparación, la trayectoria, el sentido común, la responsabilidad, la visión, el criterio, en fin tantas cosas que sólo llegan con la edad porque como reza una frase que alguna vez leí: Saber envejecer es la obra maestra de la vida y una de las cosas más difíciles en el arte de existir. Qué duro para quienes somos maduros enfrentar el rechazo constante por haber perdido de manera natural la juventud, cuando hay tantos jóvenes que envejecen prematuramente al desperdiciar en vano su vitalidad y su energía.

Pero volviendo a lo de la chamba, me dije: cierto, no soy maestra, pero tengo experiencia en diferentes ámbitos y esa la puedo compartir con los pequeños para que crezcan atesorando valores como la solidaridad, la honestidad, el amor por su familia y claro, para crear en ellos una conciencia cívica y por qué no, también ecológica, para que cuiden el planeta.  Puedo apoyarlos para que valoren el esfuerzo que hacen sus padres para pagarles sus estudios, para que amen lo que hacen, para que tengan autoestima, para que respeten a los demás, incluyendo a las plantas y animales, para que amen a México y en el futuro sean mejores personas y profesionistas,  útiles a la sociedad. Eso me animaba mucho, ya que yo tuve maestros maravillosos, que me inculcaron el amor por el estudio y que no se ausentaban de las aulas por irse a una marcha a protestar por los intereses de quien sabe qué planilla o para pedir y pedir prestaciones y aumentos, lo me recuerda a Miguel de Unamuno quien escribió en una de sus obras: “Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor…”  

Finalmente después de correr con suerte al salir ilesa del microbús que abordé para que me llevara a mi destino, porque ah ¡qué bárbaro!, parece que va uno en el toro mecánico de cualquier rodeo, claro que sin aplausos ni premio, sin menoscabo del dolor de oídos con el que uno termina por escuchar obligatoriamente sus saludos con sus estridentes cornetas de aire o frenos, a “los compas” de la línea – con quien además practican carreritas en todos los carriles – y eso sin descontar que vienen escuchando a todo volumen su disco, claro pirata versión mp3, de los mejores exponentes de regaetton, tropisalsa o del género grupero.

El caso es que llegué, hice los exámenes pertinentes, terminé la entrevista y la “Miss” que me atendió fue por demás atenta, sobre todo al decirme: “ojalá y la acepten, porque tiene usted buen inglés y le preocupan los niños, que finalmente son el futuro de este país”. ¡N’hombre!, me dio un levantón de moral, que salí de ahí caminando entre nubes, alguien se había dado cuenta que ser maestro también es una vocación, si me daban el empleo podría apoyar a los chavitos y orientarlos de la mejor manera, porque eso sí, tengo doctorado en la universidad de la vida y varios alumnos destacados, que fueron mis asistentes en su momento, a quienes enseñé, apoyé y protegí, trabajando en excelentes puestos, aunque ahora no me contesten ni el teléfono.

Mi entusiasmo era tal que recordé que había otra escuela de idiomas cercana a ésta y sin dilación fui a dejar mi Currículum Vitae, total si no era en una, podría ser en otra. Quería ser útil y de paso ganar un sueldo honradamente y eso no es mucho pedir ¿o sí? 

Al llegar a la institución en donde se imparten clases de varios idiomas, un guardia de seguridad con los ojos azules, no por tono, sino por las carnosidades oculares que ostentaba, me recibió en la recepción, perfectamente rodeada con barrotes, por lo de la inseguridad, cosa a la que tristemente nos estamos habituando, es decir a ver encerrada a la gente.  Lo salude educadamente y le dije: “Buenas tardes señor, vengo a dejar mi currículum para ver si puedo integrarme a la plantilla de profesores de esta escuela”. Se me quedó viendo – lo poco que me podía ver - , pues movía la cabeza hacia atrás y hacia adelante – y me dijo malhumorado: “¿qué, queeé?”

Al percatarme de que el buen hombre tal vez no había entendido, repetí mi perorata tratando de hacerla más comprensible: “Mire vengo a buscar trabajo de maestra de inglés. ¿Habrá alguien que pueda recibirme?” El hombrecito sin inmutarse siquiera me dijo: “no, aquí no necesitan a nadie, todos los maestros están completos”.

Ante su respuesta, decidí llevármela por el lado humorístico. Entonces le respondí: “Ah, están completos. Eso quiere decir que no les faltan las piernas, los brazos, las manos, las orejas ni los pies.” El me contestó: “Sí, ya le dije que están completos. ¿Por qué mejor no va al gimnasio que está enfrente?”

Cundo me dijo eso, quise soltar la carcajada, porque pensé: ¿qué tiene que ver un gimnasio con el hecho de que yo venga a buscar trabajo como maestra de inglés? Entonces le pregunté ya sin rodeos: oiga, ¿me está mandando al gimnasio porque me ve muy gorda para ser maestra o porque me ve muy estresada por no tener empleo? Obviamente no entendí lo que farfulló como respuesta… Sólo le dije gracias y me regresé a mi casa para subirme a la báscula y de paso tomar mi jarabe de valeriana y azahar, antes de abrir de nuevo el periódico del día en el aviso oportuno, donde está la sección de empleos…

Patricia Machorro