¿En qué nos quedamos? Ah, sí, en que “la china” no sabe por qué le pusieron el escapulario a su madre… ¿cómo se lo van a decir?... Pues aquí seguimos con nuestra “Atrevida”, Cristina Hernández, quien participó en los Premios Demac 2007-2008…
Esta es la segunda parte de su relato titulado El día que nos vestimos de luciérnagas… y si tú, como ella, ya te atreviste, anímate y envíanos tus textos…
“…
--- ¿Qué es morir? ---le pregunté a tío Maco.
--- ¡Ay mijita! ¡Ojalá y fuéramos niños a la hora de que nuestros seres que amamos y que nos protegen tienen que partir! ¡La cosa sería distinta!
--- ¿Pero qué es morir? ---insistí.
---Mira “china”, es cuando el alma que tenemos aquí dentro, dijo tocándose el pecho, se cansa de caminar y entonces se viste de luciérnagas y se va volando y. . .
--- ¡Si ya sé tío Maco! Las luciérnagas son para no perderse en la noche, pero Mama Chole no me dijo que estaba cansada, ¡si no le hubiera atrapado muchas! ---dije contrariada.
Mucha gente llegó a nuestra casa, a Mama la envolvieron en un pedazo de manta y la acostaron sobre puños de arena.
--- ¡Para pagar culpas! Tiene que estar unas horas sobre arena ---decían las mujeres.
--- ¿Culpas? Pero Mama es buena conmigo, me ha jalado la oreja pero no tan recio ---pensé
--- ¡Pobre de la “china” ora si se quedó sola! ---dijo mi madrina Nata.
--- ¿Pues cuántos años tiene? ---preguntó doña Irene.
---Siete--- dijo mi madrina.
--- ¡Te toca recogerla, eres su madrina de bautizo! ---volvió a decir doña Irene.
--- ¡Pero, yo tengo ocho hijos! Y otra boca más. . .
--- ¡Pero eres su madrina!
--- ¡De eso sí! Pero…
Al oír todo eso corrí al lado de mi Mama, me hinqué, la arena se enterraba en mis rodillas.
--- ¡Mama, Mama despierta! ¡Todavía es tiempo! ¡Sacúdete las luciérnagas, no vueles con ellas! ---le dije llorando.
---Ven “china” ¡no estás sola, me tienes a mí! ---me dijo tío Maco, mientras le escurría agua de sus ojos cansados.
Después que la tierra se comió a Mama, me sentí como el aire sin rumbo, sin nada, solo la mano arrugada de tío Maco, con sus pobres fuerzas trataba de que mi alma no se cansara y se vistiera de luciérnagas.
Viejas lágrimas resbalaron por mi cara ¡Qué mal te pagué Tata Maclovio! Nunca hubo un reproche de tu parte, tu casa y tu corazón siempre estuvieron abiertos para mí, me enseñaste tu oficio, ¡panadero!
Tú como yo, no tenías a nadie, viudo y sin hijos y yo huérfana, ocupé el lugar de hija y tú el de mi Tata.
El día que me regañaste, fue cuando estuve platicando con Daniel Mendoza, me dijiste que tuviera cuidado que no hablara con cualquiera y menos con esos riquillos y matones de los Mendoza.
--- ¡Ay Tata Maco, ni que me fuera a matar! ---te dije molesta.
--- ¡Tú no entiendes hija, hay muchas formas de matar! ---dijo alarmado.
¡Ah! Si ya sé, me puede matar el alma y entonces se vestiría de luciérnagas y se iría volando ---le dije burlona.
---hazme caso hija ---dijo con esa voz que día con día se apagaba.
Desde esa plática Tata Maco no me dejaba que despachara el pan sola, siempre estaba conmigo y cuando Daniel Mendoza entraba, a mi con un pretexto o con otro me alejaba de allí, que si vete a ver el desayuno, que si dales de comer a los pollos, que si busca allá adentro esto…
--- ¡Mariana, Mariana! “china” ¿Por qué no me quieres hablar? ¡Párate!
---No es que no te quiera hablar Daniel, pasa que estoy más acostumbrada a que me digan “china” que Mariana, por eso no hice caso ---dije disculpándome.
--- ¡Quiero platicar contigo!
--- ¡Estamos platicando! ---le contesté.
--- ¿A poco se enoja el viejo Maclovio de que platicas conmigo? ---me dijo, con esa sonrisa que no supe definir, si era de amistad o de burla.
--- ¡Sí, se enoja, por eso quítate de enfrente, ya me voy! ---le dije enojada porque lo llamó viejo.
--- ¡Pero no es tu padre para que se enoje! ---dijo subiendo la voz.
--- ¡Es más que mi Tata, me recogió cuando me quedé sola! ---dije con orgullo.
--- ¡Sí, palabra que tú no tienes a nadie de familia, dicen que tus padres llegaron de un pueblo que se llama San Sebastián, que eran pastores, que tu padre ya venía enfermo, aquí se murió y por eso tu madre ya no se fue ---dijo compadeciéndome.
--- ¡Vaya! Sabes la historia mejor que yo ---dije molesta.
--- ¡No te enojes “china”! ---dijo agarrando mi mano.
--- ¡Suéltame ya me voy! Mi Tata me mandó por un encargo ---dije Tata a propósito.
--- ¿Quieres ser mi novia? ---me preguntó.
---Dentro de ocho días te doy la contestación, ¡hora déjame el paso libre!
--- ¡Pero, casi no sales de tu casa! ¿Cómo le hago para verte? ---volvió a peguntar.
---Cada semana vengo a pagar la manteca, casi siempre a esta hora ---le dije apresurada.
--- ¡entonces aquí nos vemos! ---dijo con gusto.
--- ¡Mira que chapeada vienes “china”! ¡Tápate la cabeza con el rebozo! ¡Te vas a enfermar, con tanto calor! ---dijo tío Maco.
Esos ocho días anduve distraída. Al fin la fecha llegó, me bañé y me puse mi mejor vestido, peiné mi cabello en dos trenzas y sobre mis hombros puse el rebozo tenancingueño.
--- ¡Te apuras “china”!---gritó tío Maco.
Mis pies apenas si rozaban el suelo, caminaba ansiosa y una agitación hacía remolinos en mi pecho. Daniel Mendoza ya me estaba aguardando en el lugar donde habíamos quedado, su alta figura era inconfundible, sus ojos resaltaban en su cara trigueña, no me dejó que llegara hasta donde él estaba, caminó a mi encuentro.
--- ¡Buenas tardes Mariana! ---me dijo inclinando su cabeza y tocando su sombrero.
--- ¡Buenas! ---dije a secas.
--- ¿Entonces cuál es tu respuesta Mariana?
--- ¡Yo creo que no! ¡No quiero ser tu novia!
--- ¿Pero por qué? ¿Es por el viejo Maclovio? ¡A él no le parece! ¿Crees que no me he dado cuenta?
--- ¡A mi Tata no lo metas en esto! ---dije enojada.
--- ¿Entonces por qué Mariana, por qué? Tú me gustas y si nos comprendemos más adelante me caso contigo ¿Qué dices?
--- ¿Qué me estas proponiendo? ---dije alterada.
--- ¡Nada malo! Quiero que te vengas a vivir conmigo, porque si andamos de novios el viejo Maclovio se va a oponer. ¡Mejor vente, huye conmigo, ante hechos consumados, no le va a quedar de otra que dar su consentimiento!
--- ¡No!, el es mi Tata mi fam…
--- ¡Que Tata, el no es nada tuyo!
--- ¡Pero cuando quede huérfana él fue el único que no me desamparó!
--- ¡Entonces no le tengas miedo! ¡Seguro que entenderá!
Ya el sol empezaba a ocultarse, cuando empezamos a caminar, a medio camino me arrepentí, me quise devolver, pero él no me dejó, sus manos se trasformaron en garras que herían cada vez que yo intentaba detenerme.
--- ¡Buenos días “china”! ---me dijo doña Chayo, dame tres de sal y cuatro de dulce.
--- ¡Buenos días “china! ---dame seis de sal y dos de dulce.
--- ¡Buenos días “china”! ---dame…
Las clientas entraban y salían tal como el día en que regresé avergonzada, arrepentida y medio muerta de hambre y de sed.
Solo una noche pasó conmigo, al amanecer me dijo que lo esperara, iría por comida y avisaría a sus padres. El cuartucho donde me dejó, propiedad de su familia, era el pajar, las gavillas de zacate me sirvieron de cama.
Lo espere cuatro días, me senté en la puerta con la vista perdida en la lejanía de la vereda. En la noche del quinto día decidí regresar, era luna llena, los caminos se iluminaban, parecían huesos de muerto con esa luz de luna, luz del alma, luz de amor, luz de nada.
No encontré a nadie, ya el amanecer se acercaba, la luna ya había hecho su recorrido y yo también, toqué despacito en el cuarto que servía de amasijo. Pasos lentos, cansados y a la vez ansiosos oí atrás de la puerta.
--- ¡Santísimo Señor del Calvario! --- ¡responde si eres alma de este mundo! ---dijo Tata Maclovio haciendo la señal de la cruz.
Con manos temblorosas me quité el rebozo de la cabeza, pequeñas briznas de paja cayeron al suelo y tartamudeando le dije: Soy… soy…yo…Tata.
¡”China”, mi niña! --- ¡Dios Santo¡ ¿Qué te pasó?
Quise contestarle, pero mis labios estaban pegados y la garganta reseca, lo miré suplicante.
--- ¡No “chinita”, no digas nada! Ven acuéstate ¡Mañana Dios dirá! ¡Estas hirviendo en calentura! ¡Ay hija, no sabes cómo te he buscado y nadie me daba razón de ti!
Esa noche las pesadillas no me dejaron, soñé que Daniel me decía que lo esperara en un cuarto, pero al entrar caían luciérnagas del techo y me cubrían todo el cuerpo.
--- ¡Tata! ¡Tata! Ahuyéntalas con tu sombrero, ¡No quiero volar con ellas!
Por mucho tiempo no se olvidó la historia de la “china”, la huérfana, la jullida, toda la gente se levantó temprano, cuando se supo que Daniel Mendoza me había abandonado, el pan se terminó mucho antes de que saliera el sol, lo supe mucho después.
Pasaron dos años, y una noche me llamaste, me dijiste que te sentías muy cansado, pero que descansarías tranquilo, pues yo tenía por quien vivir.
--- ¡No Tatita, no me digas que estas cansado! ---le dije ahogada en llanto.
Nos echaste la bendición a los dos y te vestiste de luciérnagas.
¿Qué la luna y el sol no se juntan?
Yo te digo que sí
Cuando es de día el sol la opaca
Pero en la noche vuelve a resurgir
Con un brillo más hermoso, más puro.
Siento que mi corazón vuelve a latir.
Mi destino estaba escrito, quizá Dios lo quiso así
Pero mañana, mañana, es otro día y tengo que sonreír.
CRISTINA HERNÁNDEZ HERNANDEZ.
25 DE MAYO DEL 2006.
UNA MUJER DE 25 AÑOS DEPENDIENTE DE UNA TIENDA OBSERVA A OTRO DEPENDIENTE DE 16 O 17 AÑOS DETERMINAR LA RELACIÓN QUE EXISTE, EN TRANSPOCISIONES.