El día que nos vestimos de luciérnagas

Bravo! Muchas gracias a Cristina Hernández por la colaboración que nos envía como parte de nuestras “Atrevidas”… Cristina participó en los Premios Demac 2007-2008… Si tú, como ella, ya te atreviste, anímate y envíanos tus textos… En tanto, esperamos que disfrutes de:

EL DÍA QUE NOS VESTIMOS DE LUCIÉRNAGAS

¡Métele lumbre al horno! ¡Arrímale palos gruesos y tunales para que caliente bonito y parejo! ¡Atízale, no dejes que se apague!
---Nos toca velar, el pan tiene que hornearse cuando las cabrillas estén por allá --- digo
 señalando al cielo.
Los leños chisporrotean y con ese resplandor que sale de la boca del horno se dibuja tu silueta ¡Qué alto estas! No veo tus ojos, pero los adivino, negros, grandes ¡Qué hermosos ojos tienes!
--- ¡Tengo hambre! ---me dices.
---Yo también con tanto ir y venir … Saca unas brasas en una lata y tráelas para la cocina, vamos a encender el fogón.
Comimos tacos de chito con una cucharada de chilmole y tragos de atole de granillo para bajarlos.
Ahora si veo tus ojos, el candil alumbra todo, también mis recuerdos.

---Mama, Ma ya nos levantamos --- te dije.
Pensé que dormías y me quedé quieta otro rato, te volví a hablar, moví tu mano pero no me respondiste.
El sol estaba a la mitad del cielo, ya pisaba mi sombra era medio día, tú así me habías enseñado a contar las horas, cuando aburrida y con hambre corrí a la casa de tío Maclovio, el panadero. Todos le decían tío por su cabeza blanca, no porque lo fuera de sangre.
--- ¡Tío, tío Mama no despierta, y yo tengo hambre!
--- ¿Cómo que no despierta?
--- ¡Venga a verla, a mi no me hace caso! --- le dije llorando.
--- ¡No llores “china”, no llores! --- ven, vamos.
Su espalda encorvada y los pies temblorosos no lo dejaban caminar rápido.
---Tío Maco, ¿porqué la gente duerme mucho? --- le dije mientras mordisqueaba el último pedazo de pan que me regalo.
--- ¡Ay hija! Porque nos cansamos, esta vida a veces cansa y durmiendo reposamos el cuerpo, aunque el alma siga cansada.
--- ¡El alma! ¿Qué es el alma? ---le dije, mientras me agarraba de su mano.
--- ¡Cuando seas grande lo sabrás! ¡orita córrele “china” adelántate a lo mejor ya despertó!
Corrí obedeciendo a tío Maclovio, llegué hasta el petate donde Mama y yo dormíamos……Ella todavía no despertaba.
--- ¡Mama, Mama despierta, no te hagas la dormida!
Tío Maco se paró en la puerta oscureciendo el cuarto, jadeante tomó aliento y me pidió un espejo.
--- ¿Espejo? --- dije.
--- ¡Sí “china” dame un espejo!
Pronto descolgué el único que teníamos, era un pequeño cuadrito, servía para que Mama se peinara ¡Qué bonita se veía cuando soltaba sus trenzas! Toda su frente se coronaba con rizos, su cabello largo y ondulado le caía abajo de la cintura. Cantaba siempre para ahuyentar el cansancio.
¿Ya horneamos? ¿Ya horneamos?
Discúlpame, ¿Qué dices? --- dije atarantada.
---Le digo que la masa ya debe haber “subido”, y que si horneamos.
Esa voz que parecía de niño y a la vez de hombre, siempre me rescataba del abismo de los recuerdos, marcaba los límites de la cordura y los sueños. Su amor lo sentía a diario.
---No se ponga triste “chinita” ¿Apoco no me tiene a mi?
--- ¡Si no estoy triste! solo recordaba ---le dije con nostalgia.
--- ¡Le voy a prohibir recordar! No me gusta verla así ---dijo cariñoso.
---Bueno, dejémosno de tanta alharaca y a lo nuestro, saca todas las brasas del horno y “resfríalo” ya vamos a meter --- dije apurándolo.
--- ¡Así me gusta verla! Quehacerosa, y no toda agüitada ---me gritó mientras se encaminaba al horno.
Traspuse el umbral del amasijo y me recibió el olor de la levadura, de la vainilla, del agua de azahar, ¡Estos olores me eran tan familiares! Me recordaban la bondad de Tata Maclovio.


 
 
Arrepegó el espejo en la cara de Mama, sus ojos plisados por las arrugas se abrieron con asombro.
--- ¡Hija, avísale a tu vecina que venga!
---Creo que no están tío, porque antes de llamarlo a usted fui con ella pero nadie me respondió ---le dije asombrada.
--- ¡Entonces corre a traer a tu madrina Natalia! ¡Que venga rápido  a tu casa, dile que tu Mama no despierta!
--- ¡Pero tío Maco, esta re lejos! ---volví a decir.
--- ¡Córrele “china”, córrele! ---dijo ansioso.
Arranqué a correr, atravesé por las huertas de órganos para cortar camino, las espinas traspasaban mis huaraches, las matas retorcidas jalaban mi vestido atorándolo, como si mil manos invisibles no me dejaran avanzar.
Divisé a lo lejos la iglesia, ya mero llego ---pensé. Agarré más fuerza y eché otra carrera.
--- ¡Madrina, madrina! ---grité desesperada, deteniéndome de los palos de la tranca.
--- ¿Qué te pasa hija? ¿A que vienen esos gritos? ---dijo aventando el último puño de maíz a las gallinas y sacudiéndose el delantal.
--- ¡Que dice tío Maco que vaya a mi casa porque mi Mama no quiere despertar! ---dije con desparpajo.
--- ¡Ave María! ¡Pérame agarro mi rebozo y nos vamos!
El camino de regreso no se me hizo tan largo, la presencia de mi madrina alejaba mis temores de niña, ahora comprendo que las penas en compañía siempre serán compartidas y dolerán menos al corazón.
--- ¡Ay mija! ---de veras que ya me preocupé ---dijo Nata.
Cuando llegamos a mi casa Tío había jalado un banco, estaba sentado y movía sus labios.
--- ¿Por qué reza tío? ---le pregunté.
--- ¿Por qué le puso su escapulario a Mama? ¿Por qué? . . .
  

--- ¡”chinita” ya traiga la pala, horita voy por las charolas!
--- ¡”chinita”, “chinita le estoy hablando!
Pegué un brinco y salí del cuarto y de los recuerdos.
--- ¡Que tanto grito! --ya voy le dije.
--- ¡No se enoje! Pero si no la apuro no sacaremos el pan temprano y ya ve que a la gente le gusta madrugar ---me dijo la voz de niño-hombre.
Encendí dos candiles para que nos alumbraran bien y empezamos nuestro trabajo.
China, china de Puebla
China poblana
Que bailas jarabe
Canción popular
Lara --la la
Lara --la la
Empezó a cantar mientras horneaba los primeros panes de sal.
¡Ese amor que sentía por Martín, mi niño-hombre estaba bien correspondido!
Los gallos daban el amanecer, cuando terminamos, el olor de pan caliente corrió con el aire, envolvió a todo el pueblo. Los acomodamos en tres canastos y los tapamos con manteles blancos, quitamos el aldabón de la puerta y abrimos de par en par.
---Ve a dormir un rato ---ordené a Martín.
---No “china”, mejor usted acuéstese y yo despacho ---me respondió serio.
--- ¡No me lleves la contra! Te digo que te descanses un rato, acabas de hornear y el frío que ya se esta sintiendo te puede hacer mal --- ¡obedéceme, si! ---le dije entre ruego y ordenando.
--- ¡Nomás porque la quiero tanto! ¡Y no me gusta hacerla enojar! ---dijo con una sonrisa. ¡Ah!, pero dentro de un rato la cambio y usted es la que se va a descansar ---sentenció.
Sentada en un banco, enredada en mi rebozo, esperando los primeros clientes volvieron los recuerdos revoloteando, zumbando como enjambre.

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CRISTINA HERNÁNDEZ HERNANDEZ.

25 DE MAYO DEL 2006.
 
UNA MUJER DE 25 AÑOS DEPENDIENTE DE UNA TIENDA OBSERVA A OTRO DEPENDIENTE DE 16 O 17 AÑOS DETERMINAR LA RELACIÓN QUE EXISTE, EN TRANSPOCISIONES.