Las Atrevidas

Diciembre, 2008

Por los caminos del sur

Bravo!! Aquí te presentamos un texto de otra de nuestras Atrevidas: Carmen Ojeda Vázquez de Puebla, que ha escrito en DEMAC y ha sido publicada en MUJERES LATINOAMERICANAS con el texto “Casiopea” donde firmo con el seudónimo Casiopea, y en la revista del año 9, número 28.

Documentación y Estudio de Mujeres AC.
Para mujeres que se atreven a contar su historia
Maestra: Mónica Díaz de Rivera
Relato mezclando un hecho histórico entre 1900 y 1950
Carmen Ojeda Vázquez
Junio de 2008

Por los caminos del sur

En nuestras vidas el tema de la fidelidad era sagrado, recuerdo que siempre me demostraste el mismo amor y respeto que yo sentía por ti. Así, después de un largo noviazgo y contando con la aprobación y bendición de nuestros padres, decidimos que lo mejor sería casarnos.

Notificación a los internos del reclusorio estatal: El Gobernador del Estado de Guerrero, ha solicitado la colaboración de nuestros presos como mano de obra en la construcción de la carretera que ha de comunicar al Puerto de Acapulco con el Distrito Federal, de esta manera se anuncia a los reos que deseen participar que el trabajo es duro y extenuante, que hay que cubrir jornadas de sol a sol y que solamente harán dos comidas, pero, además, se les ofrece a los participantes el beneficio de que en cualquier momento de la faena, el inculpado que decida marcharse dentro del horario de labor, quedará exento del delito que está purgando, asimismo obtendrá su libertad si es que logra sobrevivir a las inclemencias y los riesgos que hay en la zona. Dicho esto, en siete horas vendrá su comandante para registrar a los voluntarios.

Éramos la envidia de todo el mundo, nuestros amigos bromeaban con frecuencia sobre nuestra suerte y no faltaron más de tres atrevidos que intentaron separarnos con falsas promesas, pero, finalmente nuestro amor triunfó, la unión de nuestras dos familias fue un evento  que complació  a toda la comunidad…

 -La carretera México- Acapulco….  ¿Será cierto que el viaje se podrá hacer en menos de nueve horas?
 -Eso andan diciendo, yo la verdad no conozco, y ni idea tengo de cómo es ese lugar, nací en el Peñón de los barrios y de no ser esa zona y después Lecumberri, no conozco más allá.
 -Yo estuve una vez ahí y jamás podré olvidarlo… es…  como pisar el paraíso…
 -Aquí hay uno que también lo conoce, es Humberto,  “el médico loco” así  le apodamos todos.
 -Si, ya sé quien es, ese que nunca sale de la celda y que tiene docenas de libros y alteros de hojas, ese  que se la pasa leyendo y escribiendo  de día y de noche.

Tú deseabas que viajáramos a Acapulco, y yo contigo iría feliz al fin del mundo, porque, eso representaba llegar hasta ese paradisíaco puerto. Era un viaje de más de un día de marcha por ferrocarril, soportando la agresión y violencia del clima, que se elevaba hasta más de los cuarenta grados de temperatura dentro de ese metálico vehículo, pero, por complacerte haría eso y mucho más….

 -Y tú, ¿vas a ir a eso de la construcción de la carretera?
 -No, yo creo que no.
 -Pero si dicen que de ahí uno se puede huir, bueno, ni siquiera escapar, están dándonos la oportunidad de que una vez que estemos trabajando, el que quiera se puede retirar buscando su libertad.
 -No creo que se pueda, es pura selva y no hay ni dónde buscar ayuda, si un animal te muerde, ya te amolaste porque te mueres.
 -¡Pus te amarras la pata y sigues caminando!
 -No es tan fácil, no sólo son animales ponzoñosos,  la mayoría son venenosos, el clima favorece la crianza de todos estos bichos.

Que experiencia tan maravillosa haber consumado nuestro amor  en Acapulco; a pesar de ser un pueblito con tantas carencias y limitantes, logró en pocos días que nos enamoráramos de sus playas, de sus callejuelas y su gente. Tu, lucías esplendida caminando a la orilla del mar, tus piececitos que tímidamente se asomaban entre la crinolina de tu falda parecían el más bello badajo de una finísima campana.

 -Ándale, Mauricio, vámonos a anotar,  ¿te imaginas tener tu libertad?
 -Si, volver a la libertad….

Era increíble ver frente a nuestro ojos una cantidad ilimitada de agua, que a lo lejos se fundía con el cielo, sin embargo en el pueblo la gente dependía de agua que a lomo de burro acarreaban desde no sé donde, ¿te acuerdas? Tú te bañabas tres o cuatro veces al día, sólo así sofocabas el inmenso calor que sentías, tu cuerpo brillaba esplendido y tu cabello se enroscaba formando en sus puntas cobrizas caracolas que vanidosas competían con las caracolas del mar.

Ese día me lo propuse, te veías tan bella caminando sobre la tibia arena, ¡trabajaría sin cansancio el resto de mi vida para poder llevarte siempre junto al mar!

 -Ahí está el comandante, ¡vámonos a anotar, es nuestra última oportunidad!
 -Espera, vamos a ver quien más se anota, yo, la verdad tengo miedo, se me hace que es puro cuento esto de dejarnos ir, por algo será.

Aquí estoy amor mío, tal y como un día te lo prometí: “trabajaría sin cansancio el resto de mi vida para poder llevarte siempre junto al mar…”
 
Con la inauguración de la Carretera Nacional México-Acapulco en 1927, se abrió para esta zona una nueva era de esplendor y de progreso, se intensificó la actividad turística terrestre y se aumentaron las demandas exigiendo mejores servicios de hospedaje, de drenaje eficiente y de una mayor cantidad de agua potable, pues era evidente que la infraestructura con que se contaba no estaba a la altura de lo que sería el nuevo y modernizado centro de población, ante esto los lugareños reaccionaron y se sumaron a los proyectos que planteaban la construcción de importantes obras. Para Acapulco en ese año se iniciaba un periodo de transformación progresista provocado por la inmigración terrestre y por el aumento de tráfico marítimo de carga y de pasajeros. De unos cuantos automotores circulando antes de 1927, las estrechas calles del puerto se saturan de un momento a otro con gran número de máquinas rugientes. No obstante que la ruta 94 está mal acabada y por tanto es muy peligrosa, suman centenares los excursionistas atrevidos

-Mamá, mira,  la última carta que me escribió Humberto antes de morir, yo sé que me amó tanto como yo a él.

Mariela amor mío, sé que me has amado con toda tu alma y con todo tu corazón, perdóname por haberte fallado, quiero que sepas que cada instante de mi vida lo he vivido para entregarte mi amor, hoy he decidido anotarme como voluntario a la construcción de la carretera México-Acapulco, ya que desde este lugar no puedo darte nada, te ofrezco mi vida para que tu alcances un sueño que juntos vivimos un instante. Tal vez un día, no muy lejano puedas volver a realizar ese viaje y sepas que con mis manos construí un trozo del suelo por el que tu vas a llegar. Así como te lo prometí un día, hoy te lo repito: “trabajaría sin cansancio el resto de mi vida para poder llevarte siempre junto al mar…”

Siempre tuyo

Humberto