Argelia Herrera

Damos la Bienvenida a Argelia Herrera Gutiérrez a nuestra RED PRO… Ella es periodista en la ciudad de Villahermosa y esta es su primera colaboración para DEMAC… ¡Esperamos que la disfruten!
 
"Las mujeres no tienen límite"
Martina Ocaña

 
- Niña indígena y pobre
- Se labró una carrera magisterial y un liderazgo en el estado
 
Argelia Herrera Gutiérrez
 
La maestra Martina Ocaña Cruz, nació en la comunidad indígena de Villa Vicente Guerrero,  municipio de Centla  en el estado de Tabasco, el 11 de noviembre del año 1957. Ha sido maestra de grupo; directora de la escuela Vicente Guerrero en Tapotzingo, Nacajuca; delegada sindical, consejera del Instituto Federal Electoral, asesora de maestros en el programa PAREI, candidata a diputada por el Partido del Trabajo y actualmente es Secretaria de Asuntos Laborales de Educación Indígena del Sindicato Independiente de Trabajadores de la Educación en Tabasco (SITET). En el 2007 recibió la medalla al mérito por sus 30 años de servicio en la educación.
 
NIÑA INDÍGENA

En Villa Vicente Guerrero, comunidad indígena, Martina Ocaña Cruz,  hizo sus primeros estudios de primaria y secundaria y al cumplir los 17 decidió superarse,  hacer lo suficiente para lograrlo aunque eso significara dejar su pueblo para buscar una oportunidad en la capital del estado.
Cuando recuerda su infancia sus ojos se entristecen, con la mirada perdida recuerda “mi vida fue terrible, vengo de una familia humilde, un padre alcohólico, una madre sencilla que soportó a mi padre hasta los últimos días de su vida”. Este es el peor recuerdo de su vida, destaca Martina, hija número seis de nueve hermanos, cinco mujeres  y cuatro varones.
 
CONSIGUIÓ SU PRIMER TRABAJO
La hoy dirigente magisterial nos cuenta el miedo que pasó el día que abandonó su casa, en medio de la desaprobación de su madre quien esperaba que se casara tan joven como se usaba por aquellos días y como ya lo habían hecho sus otras hermanas.
Pero esta mujer decidió cambiar su destino a pesar de que parecía que ya estaba trazado de otro modo.
Cubierta con un vestido floreado, arracadas de oro, sin argolla matrimonial pero presumida de que su marido, el ex petrolero José López Magaña (con quien procreó tres hijas Ana Patricia, Lorena y Diana Isabel)  le lleva la taza de café a la cama, la profesora Ocaña asegura que su primer gran decisión fue cuando buscó trabajo durante un día completo y no encontró, entonces tenía que volver a su casa porque en Villahermosa no tenía donde dormir y justo en ese momento se encontraron a un amigo de la joven que le acompañaba en esta aventura y fue él quien les platicó que en Nacajuca, se acababa de abrir el Sistema de Educación Indígena y que posiblemente había oportunidad de trabajo para ellas porque también hablaban chontal.
“Al día siguiente volvimos con los papeles y aunque primero no me creían que fuera indígena” luego de unas pruebas y varios días de capacitación le dieron el trabajo y a su amiga que le acompañaba también.
Entrevistada en su domicilio ubicado en la calle  Ignacio Ramírez 348 del municipio de Nacajuca donde vive actualmente y sitio que habla de su personalidad en cada rincón, desde la entrada hay un repujado que demuestra el cariño de su alumna Alicia por su maestra pues es un grabado que está hasta el interior donde se aprecia el gran amor de Ocaña Cruz por sus hijas y nietas y nietos en las múltiples fotografías que cuelgan de las paredes de su hogar.
Ahí en ese lugar, la mujer indígena se llena de orgullo al hablar de su primer trabajo, “fue en  la  comunidad de San Simón, Nacajuca; cuando llovía el lodo nos llegaba a la rodilla, no había transporte, estaba incomunicado, en esos tiempos sufríamos bastante porque vivíamos en la comunidad y salíamos solo los viernes para ir a estudiar los sábados y los domingos” dice.
En aquella época la  gente estimaba mucho a los maestros y maestras porque además eran doctores, curas y todo lo que la sociedad necesitaba asegura nuestra entrevistada ante una foto de su esposo junto a otra de ella de cuando eran jóvenes.
 
UNA GRAN CARRERA  MAGISTERIAL
Este fue el inicio de una gran carrera magisterial que a la fecha le ha dado uno de los reconocimientos que más la han llenado de satisfacción: el año pasado recibió la medalla al mérito por sus 30 años de labor y de cosechar cosas importantes como el reconocimiento de sus alumnos cuando crecen y se convierten en profesionistas destacados y asegura que antes los padres y madres  le daban todo el poder a la maestra  para que educaran  a la niñez  y ahora se les ha quitado esa responsabilidad.
De cabello lacio y peinado hacia atrás, con muy pocas arrugas pero evidentes canas la mujer de semblante tranquilo y voz  serena atina a decir que las mujeres indígenas ya salieron del dominio de los hombres, que ahora las mujeres también pueden participar en política y en  los diferentes ámbitos de la vida y quien se queda atrás es por que quiere.
“Yo sin conocer a nadie en la ciudad de Villahermosa, es más nunca había salido de mi comunidad mas que de la casa a la escuela, y sin embargo me busqué una oportunidad y la conseguí y ahora con mas razón que hay mas vías de comunicación y transporte y nuevos programas de apoyo especialmente para las mujeres” afirma con una ligera sonrisa.
Sin mayor emoción en su rostro Martina explica que hay muchas mujeres que no tienen ganas  de superarse, que tampoco se preparan para salir adelante porque no sienten el deseo de libertad. Considera que persisten tres  limitantes. La lengua indígena y el alcoholismo que además genera mucha violencia de género y la cultura machista que en estas zonas es más marcada. 
 
UNA MUJER DE LIBERTAD DE PENSAMIENTO
“Aun hay familias que consideran que las niñas no tienen derecho de prepararse y las enseñan para las labores del hogar aunado a esto la  iglesia les dice que deben ser sumisas, hay mujeres que todavía se entregan a la iglesia y lo que ella les diga, yo soy una mujer de  libertad de pensamiento y hago lo que yo considero mejor  pero son  muchas las que no lo superan todavía”.
Enérgica, la ex candidata a diputada por el Partido del Trabajo quien se dice fiel a su origen ya que disfruta de un buen pozol y dulce de papaya y de plato fuerte pescado, define que falta apoyo para sensibilizar y orientar a las mujeres de su raza con la finalidad de que ellas conozcan sus derechos, que se sientan integradas a la vida activa de la sociedad, que sepan que pueden participar en la toma de decisiones.
“Las mujer indígenas podemos pero no se nos toma en cuenta” dice en voz baja mientras baja la cabeza. .
De aspecto despejado, asevera que en las aulas de clases es donde debe empezar la equidad de género, porque ahí aprenden sus primeros conocimientos y que se les debe enseñar a las niñas y niños que tiene las mismas posibilidades de acceder a la vida por igual para apoyar la transformación de nuestra sociedad.
 
AUN TIENE PROYECTO EN PUERTA: EL LIBRO
Remarca  que aún no se terminan sus deseos de superarse, en este momento está escribiendo un libro en español y chontal, y es una  guía para facilitar el trabajo de maestras y maestros que se dedican a enseñar a leer y a escribir la lengua indígena. Muy pronto lo presentará asegura con alegría.
A pesar de considerarse tímida y callada razona que le gusta ir al DF  y hasta disfruta el ritmo acelerado de esa gran ciudad y se torna un poco reflexiva, juntas sus manos y se las lleva cerca de la cara para hablar acerca de su más grande deseo y se lamenta ya que dice nunca ha  logrado un espacio político donde trabajar para ayudar a las mujeres indígenas. 
Alrededor de una mesa de caoba, en la impecable y  limpia sala de su casa, escrupulosa en sus palabras,  (de aproximadamente 1 metro 55 centímetros de estatura),  la profesora rebusca para darnos su última impresión antes de concluir el diálogo formal ya que después vendrían  las empanadas de camarón con queso y el caldo de pescado caliente que preparó para sus amigas que la visitarían ese domingo: Isabel Peña y la reportera. 
Cavila, abre sus ojos, se sorprende de sus propios logros a pesar de que no es muy abierta con la gente que no conoce bien, según explica.
“El  hombre y la mujer son lo que quieren ser y cuando se sabe esto no se conocen  barreras” certifica Martina Ocaña Cruz quien demuestra que la capacidad de las mujeres no tiene límites, ella tenía  todo en su contra por ser indígena chontal, sin dinero, sin ninguna profesión, sin casa en la capital, ni apoyo de alguien que la recomendara y se labró un destino, una carrera y hoy está convertida en una de las más fuertes lideresas dentro del magisterio tabasqueño y en breve nos presentará El libro mágico chontal.

¿Qué te pareció esta historia? Déjanos tu opinión en ésta página o envíanos tus comentarios a diana.perez@demac.org.mx

 

12 Sep19:17

felicitación

Por Julia Acosta (no verificado)

Envío una felicitación por esta hermosa historia de una mujer admirable, logró vencer todos los obstáculos que se le presentaron para formarse y apoyar a su comunidad. Comparto su opiniónde que es en las aulas y cuando se cursa la educación básica donde se trate la equidad de género, hace algunos años (como profesora de primaria) me hice esta pregunta: ¿Somos responsables las maestras del nivel de primaria, de la actitud seria y pasiva de las niñas? En el primer grado se les preguntaba a los alumnos qué querían ser de grandes, los niños generalmente respondían que: bomberos, aviadores, (en el campo choferes), las niñas enfermeras y maestras, al término de la primaria volvía la pregunta y los niños tenían una amplia gama de profesiones, la mayoría de las niñas seguía quieriendo ser enfermera o maestra. Saludos.

Julia Acosta